La Vuelta al Mundo en la Numancia

Explore "La Vuelta al Mundo en la Numancia" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

De las delicias de la isla, llamada con razón Cuna de Venus, se ausentaron los españoles con vivo desconsuelo. ¿Cuándo y dónde encontrarían un oasis, un paraíso semejante? El día de la salida, dijo Fenelón a su amigo Ansúrez: «No subo a cubierta; no quiero que me vean los espías de Pomaré. Me voy a escondidas. Prometí quedarme de director de las Reales Máquinas. Los ruegos, el llanto de Pomaré, me arrancaron una promesa que no puedo cumplir, mi palabra de honor.». De las inauditas hazañas amorosas que contó a su amigo, dedujo este que habían sucumbido a los encantos del francés la Reina y todas sus damas, no pocas señoritas de las colonias inglesa y francesa, y dos tercios o poco menos del sexo femenino de clase popular. Todo se lo creía el buen Ansúrez, que se hallaba en un estado psicológico propicio a la ingestión de mentiras. Sus facultades pendían de la esperanza de encontrar en Filipinas cartas de Mendaro y de Mara. Pero Dios había dejado de su mano al pobre celtíbero, porque la Numancia llegó a Manila después de un viaje de mil leguas, y en todo el mes que allí permaneció, no parecieron cartas, ni de ninguna parte llegaron noticias. Grande es el mundo, y en recorrerlo y darle la vuelta agota el hombre toda su paciencia; mas la de Ansúrez era un filón sin término, yacente en un profundo pozo. Cuando a sacar paciencia se ponía, sacaba esperanza. Si en Filipinas no habían parecido las cartas, en Java parecerían.

Pues llegaron a Batavia, capital de la bien regida colonia holandesa, y nada dijo el correo, por más que Ansúrez con maniática pesadez diariamente le interrogaba. ¡A la mar otra vez! Y la paciencia y la esperanza unidas se tragaron mil ochocientas leguas mal contadas entre Java y El Cabo, sin que tampoco en aquella extremidad procelosa del continente africano se encontrase ningún papel venido del Perú. Lo extraño era que Ansúrez alimentaba sin ningún fundamento la ilusión postal, pues no había dicho a Mendaro que escribiese a las más excéntricas regiones del globo.

Reading navigation