Explore "La Vuelta al Mundo en la Numancia" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los felices españoles de clase humilde que visitaban la isla un día y otro, contaban a Binondo las maravillas que habían visto, la frondosidad silvestre de los naranjales y cocoteros, la sencillez y gracia de las mujeres vestidas de un simple camisón, y tan amablemente abiertas de voluntad a los obsequios del hombre; y al oír una y otra vez estas extraordinarias cosas, el malayo se encerraba en grave silencio, que era sin duda la cavidad mental en que guardaba sus profundísimas abstracciones. De aquellas honduras no sacaba su pensamiento más que para mostrarlo al Capellán don José Moirón. Una tarde, cogiéndole solo, le dijo: «Por lo que cuentan estos perdidos, señor don José, los habitantes de Otaiti no conocen la vergüenza ni ninguna ley divina ni humana. El nombre de canacas me dice que estos naturales son los cananeos de que nos habla Nuestro Señor Jesucristo en su Biblia, o dígase Moisés, que es lo mismo. Por donde saco que esta isla es aquella tierra de Canaam de que habla no sé si el Evangelio o la Epístola».
Contestole el Capellán tapándole la boca, para que no salieran de ella más desatinos; pero el malayo prosiguió imperturbable: «Desde que llegamos aquí, me paso las horas pensando qué religión profesarán estos bárbaros, cómo serán sus templos y qué vitola tendrán sus sacerdotes.