Explore "Recuerdos de provincia" by Domingo Faustino Sarmiento on Textopian. Read with annotations and highlights.
De entre aquellos sabandijas vivarachos, turbulentos y traviesos de los hijos de Don Miguel, el mayor de todos, Justo, contrastaba por el reposo de su espíritu reflexivo y la blandura de su carácter. Era la víctima de la malicia inquieta de sus hermanos José y Antonio en la niñez; tirábanle con las almohadas cuando dormía; meábanle las botas cuando iba a levantarse y a toda hora del día suscitábanle tropiezos, tendíanle acechanzas y lo acusaban a su severa madre de diabluras que ellos hacían exprofeso para ponerlo en aprietos.
El niño Justo fue llamado así para perpetuar el nombre de Fr. Justo Albarracín su tío, que era cuando nació la lumbrera del Convento de Santo Domingo y el timbre de la familia; y en aquellos tiempos en que las familias aristocráticas estaban debidamente representadas en los claustros, el primogénito de la familia Oro fue destinado a seguir bajo el hábito dominico la no interrumpida cadena de frailes sabios de la familia. Mostrose desde luego, digno sucesor de sus antepasados; y en prosecución de sus estudios fue enviado a Santiago, capital entonces de la provincia de Cuyo, donde distinguiéndose por su capacidad desempeñaba cátedras de teología a la edad de 20 años; recibió las órdenes sagradas a los 21 años por dispensa de Pío VI y pasó a la Recoleta Dominica luego en prosecución de la perfección monástica. Sus prendas de carácter, saber y costumbres debían ser muy relevantes, puesto que los recoletos lo pidieron a pocos años de incorporado en su orden por Director vitalicio y que el General de la Orden en España acordó esta solicitud.