Recuerdos de provincia

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Aquí termina la historia colonial, llamaré así, de mi familia. Lo que sigue es la transición lenta y penosa de un modo de ser a otro; la vida de la República naciente, la lucha de los partidos, la guerra civil, la proscripción y el destierro. A la historia de la familia se sucede, como teatro de acción y atmósfera, la historia de la patria. A mi progenie, me sucedo yo; y creo que siguiendo mis huellas como las de cualquiera otro en aquel camino, puede el curioso detener su consideración en los acontecimientos que forman el paisaje común, accidentes del terreno que de todos es conocido, objetos de interés general y para cuyo examen mis apuntes biográficos, sin valor por sí mismos, servirán de pretexto y de vínculo, pues que en mi vida tan destituida, tan contrariada y sin embargo tan perseverante en la aspiración de un no sé qué elevado y noble, me parece ver retratarse esta pobre América del Sud, agitándose en su nada, haciendo esfuerzos supremos por desplegar las alas y lacerándose a cada tentativa, contra los hierros de la jaula que la retiene encadenada.

Extrañas emociones han debido agitar el alma de nuestros padres en 1810. La perspectiva crepuscular de una nueva época, la libertad, la independencia, el porvenir, palabras nuevas entonces, han debido estremecer dulcemente las fibras, exitar la imaginación, hacer agolpar la sangre por minutos al corazón de nuestros padres. El año 10 ha debido ser agitado, lleno de emociones, de ansiedad, de dicha y de entusiasmo. Cuéntase de un rey que temblaba como un azogado a la vista de un puñal desnudo, efecto de las emociones que lo conmovieron en las entrañas de su madre, en cuyos brazos apuñalaron a un hombre. Yo he nacido en 1811, el noveno mes después del 25 de Mayo y mi padre se había lanzado en la revolución y mi madre palpitado todos los días con las noticias que llegaban por momentos sobre los progresos de la insurrección americana. Balbuciente aún empezaron a familiarizar mis ojos y mi lengua con el abecedario, tal era la prisa con que los colonos que se sentían ciudadanos acudían a educar a sus hijos, según se ve en los decretos de la Junta Gubernativa y los otros gobiernos de la época.

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