Explore "Vida de Don Quijote y Sancho" by Miguel de Unamuno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Entre burlas y regocijo confesó Sancho a la Duquesa que tenía a Don Quijote por loco rematado y él, pues con todo y con eso le seguía y servía e iba atenido a las vanas promesas suyas, sin duda alguna debía de ser más loco y tonto que su amo.
Pero ven acá, pobre Sancho, ven y dinos ¿lo crees de veras así? Y aun creyéndolo ¿no sientes que es mejor para tu fama y tu salud eterna seguir al loco generoso que no a un cuerdo mezquino? ¿No dijiste hace poco al grave eclesiástico, cuerdo hasta reventar de cordura, que hay que juntarse a los buenos, por locos que ellos sean, y que habías de ser otro como él, como tu amo. Dios queriendo? ¡Ah, Sancho, Sancho, y cómo bamboleas en tu fe y perinoleas y te revuelves como veleta a todos vientos y al son que te tocan bailas! Pero sabemos bien que crees creer una cosa y crees otra, y que mientras te figuras sentir de un modo estás, en tu interior, sintiendo de otro modo muy diverso. Bien dijiste lo de: _ésta fué mi suerte y mi malandanza; no puedo más, seguirle tengo; somos de un mismo lugar; he comido su pan; quiérole bien; es agradecido; dióme sus pollinos, y sobre todo, yo soy fiel_... Sí, y tu fidelidad te salvará, Sancho bueno, Sancho cristiano. Estabas y estás quijotizado, y en prueba de ello pronto te hizo dudar la Duquesa de que hubieras inventado lo del encanto de Dulcinea y acabaste por confesar que de tu ruin ingenio no se puede ni se debe presumir que fabricases en un instante tan agudo embuste. Sí, Sancho, sí; cuando creemos ser burladores solemos muchas veces ser los burlados, y cuando se nos figura hacer algo en chanzas es que el Supremo Poder que de nosotros se sirve para sus ocultos e inescudriñables fines nos lo hace hacer en veras. Cuando creemos ir por un camino nos están llevando por otro, y así no hay sino dejarse guiar de las buenas intenciones del corazón y que Dios las haga fructificar, pues si nosotros sembramos la semilla, arando antes la tierra que la recibe, es el cielo el que la riega y airea y da lumbre.