Vida de Don Quijote y Sancho coverCAPÍTULO 32
CAPÍTULO 32

PARTE 2

De la respuesta que dió Don Quijote a su reprensor, con otros graves y graciosos sucesos

CAPÍTULO 32Visible text2 paragraphs
Pero a fe que si fué desabrida la reprimenda, también fué estupenda la réplica de Don Quijote a ella, tal cual en este capítulo se contiene. No hay sino releerla. No hay sino releerla la soberana lección a los que _sin haber visto más mundo que el que puede contenerse en veinte o treinta leguas de distrito_ se meten de rondón a dar leyes a la caballería y a juzgar de los caballeros andantes.
_Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata, merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas_ -- exclamó Don Quijote. Pero es que se las había con uno de esos hombres de voluntad mezquina y de corazón estrecho que han inventado lo de que hay ideas buenas e ideas malas, y se empeñan en ser definidores de la verdad y del error, y en que se siguen al mundo grandes males de que los hombres crean las visiones de la cueva de Montesinos y no otras visiones no menos visionarias que ellas. Los tales, locos, o mejor menguados de corazón, no de cabeza, no hacen sino perseguir a los que tienen por locos de la cabeza, y entercarse en hacernos creer que traen perdido el mundo los caballeros andantes que enderezan sus intenciones a buenos fines, crean lo que creyeren, y no los graves eclesiásticos que miden la grandeza de los grandes con la estrechez de sus ánimos. Como sus seseras resecas y amojamadas son incapaces de parir imaginación alguna, atiénense como a inconmovible norma de conducta a las empedernidas y encostradas imágenes que en depósito recibieron, y como no saben abrirse sendero a campo traviesa y por la espesura de la selva, fija en la estrella norte la mirada, obstínanse en que vayamos los demás en su desvencijado carro por las roderas del camino de servidumbre pública. Esas gentes no hacen sino censurar a los que de veras hacen algo. Cuando alguien tiene cuita, acude a los caballeros andantes y no a ellos, ni _al perezoso cortesano que antes busca nuevas para referirlas y contarlas, que procura hacer obras y hazañas para que otros las cuenten y las escriban_ como dirá más adelante el mismo Don Quijote cuando se le presente Trifaldín, el heraldo de la Dueña Dolorida.