Explore "Vida de Don Quijote y Sancho" by Miguel de Unamuno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Sus anhelos interrumpiéronle el sueño a Don Quijote, pues hasta en sueños quijoteaba, pero volvió a dormirse. Y volvió a dormirse para encontrarse al despertar con que Frestón, el encantador, se le había llevado los libros, creyendo el incauto que con ellos le llevaba el generoso aliento. Y en apoyo de Frestón acudió la sobrina, rogando a su tío se dejase de pendencias y de ir por el mundo _a buscar pan de trastrigo_, sin percatarse de que es el pan de trastrigo el que hace al hombre tras-hombre, o como dicen hoy, sobre-hombre. También para disuadir a Íñigo de Loyola de que saliese a buscar aventuras en Cristo, acudió su hermano mayor Martín García de Loyola, para que no se arrojase a cosa «que no sólo nos quite lo que de vos esperamos -- le dijo, según el P. Rivadeneira, libro I, cap. III -- , sino también mancille nuestro linaje con perpetua infamia y deshonra». Pero Íñigo le respondió con pocas palabras, que él miraría por sí y se acordaría que había nacido de buenos, y salió de caballero andante.
Quince días se estuvo sosegado en casa nuestro Caballero y en este tiempo solicitó _a un labrador vecino suyo, hombre de bien pero de muy poca sal en la mollera_, gratuita afirmación de Cervantes, desmentida luego por el relato de sus donaires y agudezas. En rigor no cabe hombría de bien, verdadera hombría de bien no habiendo sal en la mollera, visto que en realidad ningún majadero es bueno. Solicitó Don Quijote a Sancho y le persuadió a que fuese su escudero.