Sobre el fascismo by Antonio Gramsci — Read

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En Europa, los diversos intentos de introducir algunos aspectos del americanismo y del fordismo se han debido a la vieja capa plutocrática, que querría conciliar aquello que, mientras no se demuestre lo contrario, parece inconciliable: la vieja y anacrónica estructura social demográfica europea con una forma modernísima de producción y de modo de trabajar tal como la que ofrece el tipo americano más perfeccionado, la industria de Henry Ford. Por ello la introducción del fordismo encuentra tantas resistencias "intelectuales" y "morales" y se presenta en formas particularmente brutales e insidiosas, a través de la coerción más extrema. Para decirlo en pocas palabras, Europa querría tener la bota llena y la mujer borracha,[1] todos los beneficios que produce el fordismo en el poder de competencia, pero conservando su ejército de parásitos que, devorando masas ingentes de plusvalía, agravan los costos iniciales y deprimen el poder de competencia en el mercado internacional. La reacción europea al americanismo debe, por tanto, ser examinada con atención; de su análisis resultará más de un elemento necesario para comprender la situación actual de una serie de Estados del viejo continente y los sucesos políticos de la posguerra.

El americanismo, en su forma más lograda, exige una condición preliminar, de la que los norteamericanos que han tratado estos problemas no se han ocupado, porque en Estados Unidos existe "naturalmente": esta condición puede llamarse "una composición demográfica racional" y consiste en que no existen clases numerosas sin una función esencial en el mundo productivo, es decir, clases absolutamente parasitarias. La "tradición", la "civilización" europea, al contrario, se caracteriza precisamente por la existencia de tales clases, creadas por la "riqueza" y "complejidad" de la historia pasada, que ha dejado un cúmulo de sedimentaciones pasivas a través de los fenómenos de saturación y fosilización del personal estatal y de los intelectuales, del clero y de la propiedad agraria, del comercio de rapiña y del ejercito primero profesional, después de leva, pero profesional para la oficialidad. Puede decirse incluso que cuanto más vetusta es la historia de un país, tanto más numerosas y gravosas son estas sedimentaciones de masas holgazanas e inútiles que viven del "patrimonio" de los "abuelos", de estos pensionados de la historia económica. Una estadística de estos elementos económicamente pasivos (en sentido social) es dificilísima, porque es imposible encontrar la "voz" que los pueda definir a los fines de una investigación directa: es posible obtener indirectamente indicaciones iluminadoras, por ejemplo, de la existencia de determinadas formas de vida, nacional. El número relevante de grandes y medianos (e incluso pequeños) aglomerados de tipo urbano sin industria (sin fábricas) es uno de estos indicios y de los más relevantes.

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