Explore "Luchana" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Vio el sordo soldados y ordenanzas en la cocina, oficiales que sin cesar subían y bajaban por la escalera principal, a la cual se asomó, por matar el tiempo, esperando a su amiga. Esta reapareció, diciendo: «No vuelvo más arriba. Los ayudantes no la dejan a una vivir. Vean qué cardenales tengo en este brazo. Un asistente me ha dicho que el General está malo y no come nada. que tengamos caldo para las doce. Tú, Casiana, dame a mí un poco de guisado, que estoy desfallecida. Echa, echa más, que comerá conmigo el pobre Churi. ¿Verdad, hijo, que tienes gana? ¡Pobre sordito!. Siéntate aquí, cuéntame.».
Tan viva de genio era la tal Saloma, que a veces parecía no estar en sus cabales. Dejándose llevar de su vena comunicativa, sin parar mientes en la sordera de Churi, le refirió, mientras comían, sucesos militares de notoria actualidad. «Mira, hijo, aquí estamos desde primeros del mes queriendo socorrer a Bilbao, y quedándonos con las ganas de hacerlo. Tan pronto vamos por la orillita de acá como por la de allá, y en ninguna tenemos suerte. En Castrejana no hicimos más que perder mucha gente, y nos volvimos para acá con las orejas gachas. Allí enfrente, en Azúa y Lejona, no hemos hecho más que apuntar. Gracias que los ingleses, hombres de mucho tino, han armado en el Desierto un altarito que le dará que hacer al servil. Ahora parece que operamos por allí, y todo será que tomemos el puente y casas fuertes que esos perros han hecho en Luchana. Baldomero tiene ganas tremendas de darles una buena entrada de palos. pero yo le digo: 'Baldomero, ándate con tiento y no te comprometas. Tira primero tus líneas, mide terrenos y distancias. Es malo echar carne a la pelea sin haber antes medido bien.'. Pero él no me hace caso. Es tan caliente de su natural, que si no tuviera armas, a bocados les embestiría. Aquí tenemos a D. Marcelino Oraa, que tan pronto va como viene. Al otro lado están las tropas acampadas de mala manera, mal comidas, muertas de frío. Dime tú si así se pueden ganar batallas. Yo digo que no; Baldomero sostiene que la sangre española no necesita más que de su mismo fuego para pelear y vencer».