Explore "Luchana" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
«Cuando llegaron a lo que en aquel caso era sala de embajadores, los tres emisarios de la Revolución iban tan azorados y temerosos, que se habrían alegrado, creo yo, de que les mandaran volver a la plazuela. El lujo de Palacio, para ellos sorprendente, desconocido; las personas graves, de alta representación social, que a su paso veían; la idea de encontrarse pronto frente a la Majestad representada en la hermosa Reina, toda gentileza, elegancia, superioridad por dondequiera que se la mirase, les abrumaba, les hacía temblar como reos míseros. Te aseguro que el soldado tenía cara de tonto; pero que no lo era, bien lo probaba su audacia. Y no hubo entre los palaciegos que les recibían o entre los jefes que les acompañaban uno a quien se le ocurriera decir: 'Pero tú, soldadillo, ¿qué tienes que hacer aquí? ¿Quién te ha llamado, quién te ha dado poderes para llegar en comisión nada menos que al pie del Trono?'. Esto te probará cuán azorados andaban aquella noche los grandes y los medianos. La ola que subió tan súbitamente les privaba de todo sentido.
»De los sargentos, el Gómez era sin duda el más despabilado: arrogante muchacho, de color moreno encendido, vivos los ojos. Lucas parecía menos listo. Miraba al suelo: su papel político le agobiaba como un remordimiento. Por fin, entraron en el archivo silenciosos. Y al ver a la Reina, rodeada de tantas personas de categoría y de la alta servidumbre, quedáronse como encandilados, tan cohibidos los pobres, que sus jefes tuvieron que cogerles del brazo para hacerles avanzar a lo largo de la sala. Detrás y a los lados del sillón regio estaban el Sr.