Read "Las niñas bien" by Guadalupe Loaeza online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
¡Una semana! Sí, Chalchiuihtlicue, una semana sin agua. ¿Te das cuenta? Sin exagerarte, estábamos como en esas ciudades marginadas. ¡Imagínate! , nosotros los de Las Lomas como en Nezahualcóyotl. Ocho días sin podernos bañar. Ocho días de estarnos poniendo desodorante sobre desodorante, perfume sobre perfume para tratar de disimular los intensos olores. Me sentía húmeda, pegajosa. El pelo grasoso se me pegaba al cuero cabelludo (tampoco había agua en los salones). Conforme pasaban los días, mi ropa ya no me lucía; la importada se veía como hecha en México. Me veía como una pobre y miserable, toda sucia. Las capas de smog y de polvo comenzaron a formar una máscara morena sobre mi cara. Por las noches soñaba con mi sauna y mis baños de sales. ¿Cómo era posible que Las Lomas, siendo la zona residencial de México, hubiera caído tan bajo? ¡Si vieras en qué estado se encontraba el jardín! Mis hortensias, azaleas, camelias y rosas de Francia comenzaron a marchitarse todas.
Para colmo de males, durante esos días, el carro de la basura no pasaba. Ya podrás imaginarte lo que se llegó a juntar. ¡Y las moscas! Millones de moscas chatas, panzonas y verdecitas, parecían venir todas de Nezahualcóyotl directamente hacia nosotros. Entraban y salían por los cuartos, los salones, el comedor, la biblioteca y los baños, sobre todo los baños. No, no; te juro que no sé cómo aguanté. Pregúntame cómo estaban los cinco coches de la casa después de tantos días sin lavarlos. Una mañana no aguanté más y corrí al Club Chapultepec a bañarme. Cuál no fue mi sorpresa al encontrarme, desde la entrada, una cola interminable de bañistas que venían de Tecamachalco, la Herradura, Polanco y Bosques de Las Lomas. Allí estaban, desesperados, con ojos legañosos todos, mechudos y conservaban aún en una de las mejillas la marca del cojín. Saludé a muchos conocidos y me formé.