Las niñas bien by Guadalupe Loaeza

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Es sábado 8 de junio. Son las cinco y cuarto de la tarde y nos encontramos dentro de uno de los salones de belleza de más prestigio de la ciudad de México. Todo el jet-set mexicano, incluyendo al extranjero, va con Noël. "Nadie corta el pelo como él, ni en Nueva York", aseguran sus clientas, quienes, felices, pagan los seis mil pesos que cuesta su maravilloso corte. El salón se encuentra en Homero 908, esquina con Musset, en una enorme residencia, toda pintada en el color de moda, "peach". En la planta baja está Vendôme, donde está la mamá de Noël, y en el primer piso trabaja su hijo. En realidad son dos salones en un mismo local. La entrada es de mármol. El interior está decorado con enormes espejos, rodeados con muchos foquitos, como los de los camerinos de los teatros de revista. El mobiliario es blanco y moderno. Hay plantas por donde quiera, pero sobre todo vemos decenas y decenas de señoras que van y vienen. Unas en bata color verde y otras en beige. " ¿Ya estaré, Tere?

Tengo mucho rato con el tinte", pregunta una mientras hojea el último número de Hola! Las que están de batita verde tienen la cabeza cubierta con bultitos hechos de papel estaño. "No quiero las luces muy claras porque me veo muy pálida", recomienda una a Sarita, quien le está poniendo el decolorante en las cejas y en los vellitos de los brazos. Mari, la encargada de la depilación con cera, va y viene. " ¿Hoy sí quitamos el bigote? ", pregunta a una bigotoncita que tiene sus piernas remojando, de lo más "relax", dentro de una palangana de agua caliente. " ¡Qué horror, son las cinco y veinte y se me olvidó mandar al chofer a comer! ", exclama una que se está haciendo permanente. Como todos los sábados, hay muchísima gente en los dos salones. Las empleadas vestidas de blanco y en pantalones corren de un lado a otro. " ¿Le traigo un cafecito señora? ", preguntan, amabilísimas, a las clientas. Las del manicure tienen la cabeza sumida sobre las bellas y alhajadas manos de las señoras.

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