Read "Las niñas bien" by Guadalupe Loaeza online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Éste es un nuevo episodio de la historia de una señora conocida como "la gorda en patines". No obstante su corta estatura, llegó a pesar a fines de noviembre de 1982 un poco más de 150 kilos. Fue una de las peores épocas de su vida. Nunca la sociedad la había rechazado tanto. Y ella, entre más la repudiaban, más comía. No podía evitarlo. Por las mañanas desayunaba media docena de huevos a la mexicana con frijoles y tres platos de machaca; acompañado todo esto por dos kilos de tortillas de harina y ocho vasos repletísimos de espumosas pollas. Durante el resto del día patinaba por las taquerías y, por las noches, iba a cenar en los restoranes más caros de la Zona Rosa o de Reforma. Cuando la gente la veía, decía: "Guácala, allí está otra vez. ¡Cómo es posible que nadie le diga que deje de comer; que nadie la controle! ".
Todo el mundo la citaba como un ejemplo raro. Nadie se explicaba cómo con su peso excesivo se le veía correr a grandes velocidades por dondequiera. Tanta energía llegó a acumular, que por esos días superó el récord de rapidez en patinaje (pues en eso, en los patines, consistía el secreto de su velocidad). Fue entonces cuando la prensa internacional comenzó a hablar de una famosísima mexicana, "la gorda en patines", aunque se refería con mucha más frecuencia a sus primas, la argentina y la chilena, muchísimo más gordas que ella (lo cual era lo único que la consolaba). No obstante su popularidad mundial, en su propio país nadie podía verla ni en pintura. La odiaban todavía más cuando la veían aparecer diariamente como invitada de honor en los noticiarios de la televisión, y retratada en los periódicos y revistas luciendo más gorda y sonriente cada vez, con minifalda y los velocísimos patines bien sujetos a los tenis. Los días pasaban y su fama aumentaba con su peso.