Las niñas bien by Guadalupe Loaeza

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Cero y van tres. Sí, ya van tres veces que me sucede lo mismo, con intervalos de quince días aproximadamente. La primera me tomó de sorpresa y se lo atribuí a mi distracción y, obviamente, a la inflación que día a día nos está chupando. La segunda sentí horrible, pues había mucha gente esperando que avanzara la cola. A pesar de la paciencia de la cajera, me sentí torpe y ridícula. ¡Ay! , pero la tercera vez, ésa sí que fue para llorar. Ese día justamente había puesto una atención particular en seleccionar mis compras. Inclusive había llevado una lista de lo que necesitaba. Recuerdo que mientras me paseaba con el carrito por el super, me sentía super organizada y super buena ama de casa. "Ahora sí que no me vuelve a suceder", pensé. Había comprado varios artículos de marca libre para compensar gastos; en lugar de carne, llevaba pollo y había procurado no excederme en latas.

Para no hacerles el cuento largo, le dije a la cajera: " ¿Cuánto dice que es? ". "Cinco mil novecientos sesenta y cinco pesos con sesenta centavos. " " ¿Qué? No es posible señorita. ¿Se habrá equivocado? " Me miró con tanta seguridad, que en seguida pensé que la equivocada era yo. " ¿Qué no estarán retiquetando la mercancía, señorita? " " ¿Quiere hablar con mi jefe, señora? ", me preguntó. Abrí mi cartera y con infinita lástima conté los cuatro billetes de mil. En ese momento la voz de mi marido apareció entre latas, bolsas de plástico y desodorantes: "Acuérdate que estamos apenas a día 20". Híjole, me quise morir al ver todas mis compras dentro de sus respectivas bolsas entre las manos del muchacho que se disponía a ayudarme. "Ay, por favor, ¿me sacas algunas cosas? ", le dije con voz tímida. "Quita el pomo de Knorr Suiza (debí haberlo comprado en forma de cubitos, pensé).

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