Explore "La lección que no aprendí en las aulas" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
El pueblo tenía dos médicos: el de los ricos, sabio local, propietario de fincas rústicas y urbanas, consejero de bancos, obispo laico, etcétera, un tipo de todos los días; el interesante era el otro, San Francisco en pantalones remendados, médico legista, vacuna y cárceles; total sesenta pesos mensuales; además cincuenta centavos por consulta a domicilio. De donde resultaban de una lógica impecable sus pantalones con calaveras, sus jaquetes de casimir del país, a cuadros claros, cuadrados al ras del surco glúteo, corte doméstico y en serie económica; su frente cerrada a besarse la raíz de las cejas con la raíz del pelo; su barba de ocho días y su perenne contentamiento de gatito de dos semanas.
Tú comprendes que cuando uno sale de la escuela, propiamente sale a renovar el mundo. Pero las primicias de mi sabiduría y petulancia (¿quién no las tiene con la leche en los labios? ) hubieron de resignarse a los ocho mil habitantes, lote que el destino deparó a mi flamante pergamino.