Capítulo 4
Cómo Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció con él
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Desta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza y, poco a poco, con ayuda de las buenas gentes di comigo en esta insigne ciudad de Toledo, adonde con la merced de Dios dende a quince días se me cerró la herida; y mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, mas después que estuve sano, todos me decían: "Tú, bellaco y gallofero eres. Busca, busca un amo a quien sirvas."
"¿Y adónde se hallará ése -decía yo entre mí- si Dios agora de nuevo, como crió el mundo, no le criase?
