Problemas de la vida cotidana by Leon Trotsky

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La jornada de ocho horas y la prohibición del alcohol constituyen dos elementos importantes que han dado una nueva orientación a la vida obrera. El monopolio estatal sobre la venta de bebidas alcohólicas fue abolido, debido a la guerra, antes de la revolución. La guerra exigía medios tan gigantescos que el zarismo consideraba los ingresos procedentes de las bebidas alcohólicas como una suma deleznable a la que se podía renunciar: mil millones más o menos no contaban gran cosa. La revolución asumió a su vez esa abolición del monopolio estatal; se trataba de una herencia, de un hecho consumado que adoptó por razones de principio que le pertenecían legítimamente. Sólo después de la conquista del poder por la clase obrera, convertida en artífice consciente de una nueva economía, la lucha del Estado contra el alcoholismo -tanto mediante la prohibición como por la propaganda- adquirió importancia histórica. Desde este ángulo, la abolición del «presupuesto de la borrachera» con motivo de la guerra, circunstancia contingente, no cambia nada absolutamente el hecho fundamental de que la liquidación de la empresa de degradación del pueblo a través de francachelas hay que acreditársela a la revolución. Extender, consolidar, organizar y culminar el régimen antialcohólico en el país de la renovación del trabajo, he ahí nuestra tarea. Nuestros éxitos, tanto económicos como culturales, serán proporcionales a la disminución del porcentaje de alcohol en las bebidas. No es posible hacer concesión alguna en esta materia.

En lo que respecta a la jornada de ocho horas, ésta es ya una adquisición directa de la revolución, y una de las más importantes. La jornada de ocho horas aporta, de por sí, un cambio radical en la vida del trabajador, liberando de trabajo en la fábrica los dos tercios de la jornada. Es la base de un cambio fundamental en lo referente a la vida obrera, al desarrollo cultural, a la educación, etc., pero no se trata sino de un punto de partida. Cuanto más conscientemente se utilice el tiempo de trabajo, en mayor medida quedará la vida del obrero organizada de forma completa e inteligente. La importancia del cambio de octubre, ya lo hemos dicho, consiste precisamente en que los éxitos económicos de cada obrero suponen automáticamente un alza del nivel material y cultural de la clase obrera en su conjunto. «Ocho horas de trabajo, ocho horas de sueño, ocho horas de tiempo libre»; así reza la vieja divisa del movimiento obrero. En nuestras condiciones, cobra un sentido novísimo: mientras más productivas sean las ocho horas de trabajo, mientras más se realicen las ocho horas de sueño en buenas condiciones de limpieza y de higiene, más sustancial y de un nivel cultural más elevado serán las ocho horas de tiempo libre.

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