Read "Las yeguas finas" by Guadalupe Loaeza online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Finalmente mamá no me metió de criadita ni me rapó ni nada. Lástima, porque ya me había hecho ilusiones con la idea de tener uniformes con delantal lleno de holanes de tira bordada, mi cofia como las que usan las «mucamas» de las películas argentinas que ve mi tía Guille, mi cuarto en la azotea todo asoleado con los muros cubiertos de fotografías de Pedro Infante y Jorge Negrete, y mis domingos. Lo que más me gustaba era tener un día libre en el que podría hacer lo que me diera la gana sin que nadie me regañara ni vigilara.
Veía a Sofi de trenzas con listones de colores y de la mano de su novio dando vueltas y más vueltas por la Alameda; la veía tomándose una foto en la Villa, muy sonriente, con un diente de oro, sentada en un caballo de cartón y con sombrero charro; la veía comiendo frijoles en un plato hondo de una vajilla distinta a la de sus patrones y con una cuchara azul de peltre; luego la veía escuchando las peleas del «Ratón» Macías o la estación de la Charrita: Ay, qué laureles tan verdes,/ qué flores tan encendidas./ La perdición de los hombres/ son las malditas mujeres. Estaba tan ilusionada que hasta me había escrito tres cartas de recomendación.