Explore "La fuga" by José López Portillo y Rojas on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mi vida en la hacienda se sistematizó bien pronto. Levantábame con el alba, montaba a caballo y salía al campo acompañado de Pedro y seguido por dos hermosos perdigueros. Un mozo a caballo iba detrás de nosotros con un par de hermosas carabinas y abundante dotación de parque. La finca de mi amigo, amén de la buena calidad y riqueza de sus tierras, distinguíase por la abundancia de su caza de conejos y de liebres. A poca distancia de la hacienda y en el interior de cualquier potrero, hállanse extensos huizachales, a cuyo arrimo pastan los conejos siempre célibes, y siempre casadas las liebres, por pares amorosos.
La pequeña y azul florecilla de la planta deslíe en el aire su suavísimo perfume, de donde dícese es extraída la aristocrática esencia que lleva por nombre ilang-ilang; las pequeñas bestezuelas, atraídas por la delicia de su olor, vienen a solazarse en su torno, gozando a la vez que con el banquete que les ofrece la hierba, con la alegría de la luz, la frescura del aire y la inmensidad del espacio. Caminando por aquellos bosquecillos, a cada instante nos sorprendía la carrera de los asustadizos animalitos, que detrás de las plantas, del interior de los bosquecillos, o de debajo de las altas hierbas saltaban de improviso, emprendiendo la fuga con celeridad.