Explore "La fuga" by José López Portillo y Rojas on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al cabo de veinte días de permanencia en la hacienda, habíame orientado a maravilla, respecto del modo de ser y posición respectiva de los esposos. Amaba Pedro a su mujer, pero quería más su negocio, y apenas fijaba su atención en ella, que vivía realmente abandonada. Era él bueno sin duda alguna, si ser bueno consiste únicamente en la pureza de las costumbres, la igualdad del carácter, la liberalidad del corazón y la sencillez del trato; pero no lo era en cuanto a esposo, si para ser buen marido se necesita rodear a la mujer de cariño, de solicitud y de ternura, de ese mundo de pequeñas atenciones que forman el encanto de la vida, y que penetran tan hondamente en el corazón de las mujeres. Su tibieza y desapego, la poca elevación de sus pensamientos y su falta de ilustración y buen gusto habían acabado por engendrar un desaliento infinito en el ánimo de su esposa, que era apasionada, inteligente y un tanto versada en artes y letras.
Consumíase la pobre joven en aquel aislamiento, sin hallar eco a su ideas y a sus afectos, y conceptuábase desgraciadísima por el desamparo en que se veía; pero todo lo tenía reservado en el fondo de su conciencia, y lo único que salía al exterior era su humor sombrío y áspero, que la hacía desagradable y antipática para los que, sin penetrar su interior, la cercaban y participaban de su trato.