Explore "La orgía perpetua, Flaubert y Madame Bovary" by Mario Vargas Llosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
El 26 de agosto de 1853, Flaubert escribe a Louise: «Je suis devoré maintenant par un besoin de métamorphoses. Je voudrais écrire tout ce que je vois, non tel qu'il est, mais transfiguré. La narration exacte du fait réel le plus magnifique me serait impossible. Il me faudrait le broder encoré». La cita resume los dos movimientos de la creación novelesca, las relaciones entre ficción y realidad: (1) el punto de partida es la realidad real («tout ce que je vois»), la vida en su más ancha acepción (lo que veo puede ser lo que oigo, leo, sueño); (2) pero este material nunca es narrado «exacto», es siempre «transfigurado», «bordado». El novelista añade algo a la realidad que ha convertido en material de trabajo, y ese elemento añadido es la originalidad de su obra, lo que da autonomía a la realidad ficticia, lo que la distingue de la real.[52]
Una de las características cardinales del mundo de Madame Bovary es la materialidad, la importancia extraordinaria que tiene en él la realidad física, lo inerte. La raíz de este hecho se halla, según algunos críticos, en la influencia que debieron tener sobre Flaubert el padre científico e incrédulo, ganado por las ideas recientes de la experimentación y la filosofía positiva, y la infancia y adolescencia en el Hôtel-Dieu, entre enfermos y cadáveres. En todo caso, pese a su desprecio por los filósofos materialistas, Flaubert sostuvo a menudo que para él lo físico prevalecía sobre «lo moral»: «Je declare quant à moi que le physique l'emporte sur le moral. Il n'y a pas de désillusion qui fasse souffrir comme une dent gatee, ni de propos inepte qui m'agace autant qu'une porte grincante, et c'est pour cela que la phrase de la meilleure intention rate son effet, des qu'il s'y trouve une assonance ou un plis grammatical» (Carta a Louise, del 19 de febrero de 1854).