Explore "Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe" by Octavio Paz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los retratos que tenemos de sor Juana son copias de otros, destruidos o perdidos, que fueron pintados mientras vivía. No sólo ella los menciona en sus poemas, como se ha visto, sino que el anónimo autor de los dolidos tercetos publicados en la Fama y obras póstumas de 1700 refiere que una vez vio un retrato suyo.129 Pero al finalizar el siglo XIX comenzó a decirse que la misma sor Juana había pintado uno, por lo menos, de esos retratos y otro de la condesa de Paredes. La primera mención de esta habilidad de la poetisa es de 1874: en la obra Hombres ilustres de México aparece una biografía de sor Juana por Gustavo Baz y una litografía de Iriarte con un pie que dice: Tomado de un retrato pintado por ella misma. El retrato estaba en Puebla y allí lo compró un coleccionista norteamericano, en 1883. El cuadro pertenece ahora a un museo de Filadelfia.
En su parte inferior figura una inscripción que comienza de esta manera: Fiel copia de otra que de sí hizo y de su mano pintó la R. M. Juana Inés de la Cruz. Éste es el origen del pequeño enigma: ¿Sor Juana Inés de la Cruz pintaba? La mayoría de los que se han ocupado de sor Juana, de Luis González Obregón y Amado Nervo a Abreu Gómez y Méndez Planearte, no han puesto en duda la veracidad de la inscripción. En cambio Francisco de la Maza considera que se trata de una patraña. Sus razones no son desdeñables y hay que examinarlas.130