Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe

Explore "Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe" by Octavio Paz on Textopian. Read with annotations and highlights.

La biblioteca ha excitado más la curiosidad de los biógrafos que la colección. El padre Calleja dice que "su quitapesares era su librería, donde se entraba a consolar con cuatro mil amigos, que tantos eran los libros de que la compuso, casi sin costo, porque no había quien imprimiese que no la contribuyese uno, como en la fe de erratas". Ermilo Abreu Gómez encuentra exagerada esta cifra y, apoyado en una opinión de Dorothy Schons, los reduce a cuatrocientos.138 Me parece que Abreu Gómez leyó mal: es claro que Dorothy Schons pensaba que, cualquiera que fuese la cifra, sor Juana tuvo muchos libros. Así es: aunque es imposible determinar su número, no hay duda de que sor Juana reunió una cantidad considerable de volúmenes. Calleja pudo exagerar, no inventar. Aventuro unos mil quinientos, por lo menos.

Fundo mi suposición en lo siguiente: Sigüenza y Góngora dejó al morir cuatrocientos setenta volúmenes, que son pocos, pero don Carlos era pobre y, además, tenía a su disposición la Biblioteca de San Pedro y San Pablo: Irving A. Leonard, por otra parte, cita el caso de Melchor Pérez de Soto, un simple maestro de obras, que poseía mil setecientos volúmenes. Leonard agrega que las bibliotecas de las personas acomodadas eran aún más ricas.139 La (llamada) celda de sor Juana era un apartamento de dos pisos, compuesto por una amplia habitación, dividida quizá en alcoba y estudio (retrete se decía entonces), otra estancia (que pudo servirle de salón y biblioteca), cocina y baño. Las piezas eran espaciosas y de altos techos. En una "celda" de esas proporciones no era difícil acomodar dos mil o tres mil volúmenes. Ermilo Abreu Gómez dice que "los libros que se publicaban entonces en México no eran sino, lo más, folletos y manuales de poca extensión".

Reading navigation