Explore "Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe" by Octavio Paz on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la Respuesta al obispo de Puebla, para defenderse de la acusación de vivir entregada a la pasión de las letras, sor Juana dice: "En lo poco que se ha impreso mío, no sólo mi nombre, pero ni el consentimiento para la impresión ha sido dictamen propio, sino libertad ajena que no cae bajo mi dominio". Recurso polémico que nadie que la conociese de veras podía tomar muy en serio y que desmiente todo lo que sabemos de ella: el continuo cartearse con literatos y clérigos aficionados a las letras, la tertulia en el locutorio de San Jerónimo, los homenajes en verso a escritores e intelectuales. Durante toda su vida vivió inmersa en el tráfico y el tráfago de la literatura. No en balde su último libro se llamó Fama: la buscó y la obtuvo. Sin embargo, arrancada de su contexto, la frase de la Respuesta ha servido para convertirla en un prodigio de modestia, indiferente a la gloria.
El crítico argentino Juan Carlos Merlo, en un ensayo por lo demás útil y juicioso, pondera: "Las circunstancias que rodearon a la edición del primer tomo de sus obras son un claro testimonio de que nunca escribió con ánimo de que se imprimiesen sus escritos".155 Me parece que estas circunstancias son, justamente, un testimonio de sus afanes por verse en letras de molde: juntó sus poemas, los mandó copiar, los envió a España y escribió un prólogo en verso que va al frente del volumen. Los textos que componen el segundo tomo de sus obras también fueron recopilados, copiados y enviados a España por ella. En esta ocasión, a guisa de prólogo, escribió unas páginas en prosa dedicando el libro a su patrocinador, Juan de Orve y Arbieto. A diferencia de otros poetas -«1 ejemplo más notable fue el de Góngora-, gracias a la devoción de la condesa de Paredes pero también a sus propios cuidados, se publicó en vida suya la mejor y la mayor parte de sus escritos.