Descripción Colonial, Libro Segundo

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Al mismo tiempo que Su Majestad proveyó por Visorrey destos reinos á don Francisco de Toledo, proveyó tambien Inquisidores que residiesen en la cibdad de Los Reyes; un proveimiento acertadísimo y necesarísimo, en lo cual se manifestó cuánta verdad sea que el corazon del Rey está en las manos de Dios. El mismo Dios, para bien de todos sus reinos, muchas veces le pone en el corazon cosas necesarísimas, que se hagan, las cuales estaban como olvidadas, y si no olvidadas, no parecia haber necesidad de hacerse; fué, pues, mocion del muy Alto que la majestad del rey nuestro señor en aquel tiempo se acordase de inviar Inquisidores á estos reinos y al de México, en la misma flota que vino el Visorrey don Francisco de Toledo; vinieron proveidos por Su Majestad dos varones tales cuales convenian para asentarla y para las cosas que subcedieron: Licenciado Bustamante, que murió en Tierra Firme, y el licenciado Cerezuela; al licenciado Bustamante subcedió el Inquisidor Antonio Gutierres de Ulloa, todos en sus facultades muy doctos, grandes cristianos, celosísimos de las cosas de la fe, de mucho pecho y no menos prudencia, dotados del mismo Dios de las partes requisitas para el oficio; vino fiscal el licenciado Alcedo; secretario, Ambrosio de Arrieta; todos cuales se requerian. Entraron en la cibdad de Los Reyes, hizóseles el recebimiento cual convenia conforme á lo ordenado por Su Majestad; asentaron la Inquisicion prudentísimamente, y comenzaron á hacer su oficio con tanta rectitud y cristiandad cuanta se requiere, y todo el reino conoció y conoce. Luego se vió la necesidad que della habia, y cómo fué inspiracion de Dios que Su Majestad la enviase, porque si no, corria gran riesgo la cristiandad en estas partes, como pareció por las personas luteranas, y no sé si me diga peores, que luego prendieron, y por el primer aucto de la fe que hicieron, donde se vió claramente el riesgo de todo el reino, de lo cual no es de nuestro intento tractar agora, más de lo que habemos dicho, que fué providencia admirable de Dios que en este tiempo la enviase, la cual es imposible falte para el buen gobierno de toda la cristiandad.

Hecho el primer aucto, que fué famoso, el licenciado Cerezuela, proveyéndole Su Majestad á una silla episcopal de Las Charcas, por su mucha humildad y cristiandad no la aceptó, antes pidió licencia para se volver á España, la cual alcanzada, llegando á Cartagena, dentro de pocos meses loabilísimamente acabó sus dias. Quedó por algunos años el Inquisidor Ulloa justísima y prudentísimamente haciendo su oficio, hasta que vino el doctor Prado, varon realmente humanísimo, benignísimo, afabilísimo y humildísimo, y dotado de una gravedad, que se hace amar de todo el reino y reverenciar, por Visitador de la Inquisicion, y Presidente en ella mientras hacia su oficio, la cual visitó con admirable rectitud, como ha parecido y parecerá en todos siglos, con la cual volvió á España, y allá, aprobándola, volvió con su presidencia, donde murió; antes que el doctor Prado volviese de España llegó á la cibdad de Los Reyes el licenciado don Pedro Ordoñez Flores, por Inquisidor, varon no menos loable que los referidos, integérrimo en toda virtud; trajo recados para que el Inquisidor Ulloa fuese á visitar el Audiencia de la cibdad de La Plata; quedó solo en el oficio hasta que vino el doctor Prado, gobernándolo con la prudencia, discrecion y justicia que todo el reino ha conocido y conoce. El Inquisidor Ulloa partió de Los Reyes; fué á visitar el Audiencia, de donde bajando á la cibdad de Los Reyes, dentro de pocos dias, no fueron seis, con gran sentimiento de la cibdad, y aun del reino, pero con gran conocimiento de Dios, recebidos todos los sanctos sacramentos, murió; hízosele solemnísimo enterramiento, donde se hallaron presentes Virrey, Audiencia, Inquisicion y todas las Ordenes; así honra la Majestad de Dios á sus siervos que en las cosas de la fe le sirven. Tambien murió antes el secretario Arrieta, y el licenciado Alcedo, fiscal; ambos acabaron loablemente; en lugar del secretario Arrieta los Inquisidores nombraron por secretario, mientras de España venia otro, á Melchor Perez de Maridueña, suficiente para el oficio por su mucha virtud y cristiandad, y en lugar del licenciado Alcedo á don Pedro de Arpide, el cual murió en Cartagena de camino para España; en lugar del secretario Arrieta vino de España proveido Jerónimo de Eugui, por secretario, varon de muchas y muy buenas prendas y loables costumbres, con las demás partes que para el oficio se requieren, como la experiencia lo ha mostrado y lo muestra.

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