Descripción Colonial, Libro Segundo

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Al Visorrey don Francisco de Toledo dotó Dios Nuestro Señor de muchas y muy buenas calidades y partes, como quien lo habia criado para gobernar; dióle bonísimo entendimiento, presto y subtilisimo, sino que á los de no tan bueno parecia confuso. Los de tales entendimientos en breves palabras incluyen mucho, y á los que no lo alcanzan parece confusion, por lo cual el principio de proponérsele habia de cogerle intento, porque despues parecia confundirse é implicar muchas cosas. Amigo, como los demás señores, que en una palabra le propusiesen, ó respondiesen, y aunque lo que proponia fuese árduo, no le daba gusto le pidiesen espacio para responder; decia que, pidiéndole término, era querer consultar al vulgo y á la plaza. En su tiempo, como habemos dicho, se descubrió el beneficio del azogue; envió mucha plata al Rey nuestro señor, así de los quintos como de otras cosas, y de un año para otro prometia más y lo cumplia. Era hombre casto y amigo de la castidad; comia como señor, su mesa abundante. Trujo buena casa de criados y pajes, y el primero de los Virreyes que llevaba, yendo á caballo, los pajes delante de sí destocados. Fué libérrimo en no admitir dádiva, ni cohecho, ni nadie se le atrevió á tal; fué muy amigo de que se administrase justicia, y encargaba grandemente la ejecucion della. Labró en este reino abundancia de plata, y mandó esculpir particularmente en una mesa la guerrilla del Inga. Sacó la Universidad que en nuestro convento por cédula del invictísimo Carlos Quinto, de gloriosa memoria, en él habia fundado, y púsola, como dijimos, en el lugar donde el Visorrey, de buena memoria, don Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, fundó el regimiento de San Juan de la Penitencia. Dábale mucho gusto se dijese dél deshacia motines y alzamientos, y sobre esto mandó dar tormento á dos españoles que de la cibdad de La Paz le trujeron presos á la de La Plata; no sé si tenian ánimo para ello; conocílos. Fué el primero Visorrey que mandó le predicasen en Palacio. Salia pocas veces á pasearse á caballo por la cibdad, lo cual era frecuente en sus predecesores, el buen marqués de Cañete y el conde de Nieva. Reformó muchas cosas dignas de reformación, y cuando no hobiera hecho otra cosa sino reducir los indios á pueblos, habia alcanzado bonísimo nombre de gobernador, y celoso de la policia y cristiandad destos indios. El cual, habiendo gobernado once años, si no fueron trece, se fué á España, donde en Lisbona besó las manos á Su Majestad; mandóle ir á descansar á su casa, que se cree lo sintió demasiado, en la cual dentro de poco tiempo dió el alma á Dios de una apoplejia que no le dejó testar.

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