Explore "Descripción Colonial, Libro Segundo" by Reginaldo de Lizárraga on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desta cibdad de Santiago á la de Córdoba, qu'es la última en esta provincia, hay pocas menos de noventa leguas, todas llanas, sin encontrar una piedra, y casi todas despobladas, porque en saliendo de un pueblo de indios, á quince leguas andadas de Santiago, hasta Córdoba, no se pida más poblado, si no es un poblezuelo de obra de doce casas, diez leguas ó poco más de Córdoba. Pobló esta cibdad y conquistó los indios que la sirven don Jerónimo de Cabrera, siendo gobernador; llenos los campos de avestruces, venados y vicuñas y demás sabandijas. En todas estas leguas no vi cosa digna de notar. El camino, carretero, y así caminé yo desde Esteco á esta cibdad, que son poco menos de 200 leguas, si no son más, y desde aquí se toma el camino á Buenos Aires, tambien en carretas, que son otras 200, pocas menos; toda la tierra llana, y en partes tan rasa que no se halla un arbolillo. El hato y comida se lleva en las carretas; las personas, en caballos; pero no se ha de caminar más de lo que los bueyes pueden sufrir, que es á cuatro leguas cada dia, y para cada carreta son necesarios por lo menos cuatro bueyes; pastos, muchos y muy buenos; agua, poca.
La cibdad de Córdoba es fértil de todas fructas nuestras, fundada á la ribera de un rio de mejor agua que los pasados, y en tierra más fija que la de Tucumán, está más llegada á la cordillera; danse viñas, junto al pueblo, á la ribera del rio, del cual sacan acequias para ellas y para sus molinos; la comarca es muy buena, y si los indios llamados Comichingones se acabasen de quietar, se poblaria más. Tres leguas de la cibdad, el rio abajo, en la barranca dél, se han hallado sepulturas de gigantes, como en Tarija. Los campos crian muchas víboras y hitas, que dél vienen volando á la cibdad en anocheciendo, como si no bastasen las que se crian en las casas; es abundante de todo género de ganado nuestro, y de mucha caza, venados, vicuñas y perdices. Hállanse en esta provincia de Tucumán unos pedazos de bolas de piedra llenos de unas punctas de cristal, ó que lo parece, labradas, transparentes, unas en cuadro, otras sexavadas; yo las he visto y tenido en mis manos; estas punctas están muy apeñuscadas unas con otras, y tan junctas como granos de granada; son tan largas como el primer artejo del dedo de en medio, comenzando desde la lumbre del dedo, y gruesas como una pluma de ansar con lo que escribimos; he dicho todas estas particularidades por lo que luego diré; estas bolas son tan grandes y tan redondas como bolas grandes de bolos; críanse debajo de tierra, y poco á poco naturaleza las va echando fuera; cuando ya (digamos así) están maduras, y un palmo antes de llegar á la superficie de la tierra, se abren en tres ó cuatro partes, con un estallido tan recio como un arcabuz disparado, y un pedazo va por un cabo y otro por otro, rompiendo la tierra; los que ya tienen experiencia dello acuden adonde oyen el trueno y buscan estos pedazos, que hallan encima de la superficie de la tierra; yo creo que, fuera destas punctas, hay en medio de la bola alguna cosa preciosa que naturaleza allí cria y no la quiere tener guardada. Aquellas punctas, si las labrasen lapidarios, deben ser de algun precio; allí no las estiman en cosa alguna.