Descripción Colonial, Libro Segundo

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La cibdad de Coquimbo es la primera del reino de Chile, puerto de mar capacísimo; el surgidero á dos leguas del pueblo, y seguro; carece de agua y de leña, todo se lleva en carretas. Fundóse sobre una barranca, no media legua de la playa, donde la mar es de tumbo; es el mejor temple que creo hay en el mundo, porque ni hace frio ni calor, en ningun tiempo, que sea penoso; cuando el ivierno llueve tres veces, es milagro.

El rio, de bonísima agua, que riega la campiña, dende se dan todas las fructas nuestras, viñas y aceitunas, en unas partes mejores que en otras; no son tan gruesas como las de los llanos del Perú, pero muy buenas, mayores que la manzanilla grande de España; si en esta tierra lloviera, abundara en ser riquísima de oro, porque diré lo que allí me afirmaron, y no es fábula; en los vientres de las lagartijas se halla oro, y descubrióse desta manera: un indio de aquel pueblo pagaba muy descansadamente su tributo, seis pesos en oro cada año, sin ir á las minas, ni trabajar sino en su chacarilla y casa; apretáronle de dónde sacaba su tributo; dijo que de las lagartijas del campo, y es así que llegando el tiempo de pagarlo, se iba á caza de lagartijas al campo, no lejos de la cibdad, y abriéndolas sacaba cuatro ó cinco tomines de oro (y si no me engaño) estando en aquella cibdad me enseñaron el indio, y no es milagro, porque el oro no se criaba en las barrigas de las lagartijas, sino, como de tierra se mantengan, á vuelta della comen algunos granillos de oro. Las minas que á poco más de quince leguas desta cibdad se labran, de oro, desde el tiempo del Inga, por una perdiz se descubrieron; y esta es tradicion: llegando el capitan general del Inga que iba conquistando, cerca destas minas, que se llaman Andacollo, y asentando su real, trujéronle unas perdices, que son muy buenas, en cuyos papos hallaron unos granillos de oro (los indios de Chile no conocian oro ni plata); trujéronselo al capitan general; preguntó donde habian muerto aquellas perdices; respondiéronle: en aquel asiento; mandó lavar y lavar; sacó mucha cantidad, y perseveró en esta riqueza muchos años, aun en tiempo de los españoles, y hoy persevera no en tanta cantidad; es muy fino, porque sube de la ley; este asiento sólo se labra en los términos desta cibdad un poco adentro de la cordillera, donde hace muy buen frio, y labran en él todos los años nueve meses pasados de ducientos y cincuenta indios, y cada año se sacan 75.000 y 80.000 pesos, sin lo que los indios aplican para sí; y en tres meses que dejan holgar aquella tierra, se torna á criar y producir otro tanto oro, lo cual á los que no lo han visto les parecerá fábula, y es verdad lo que habemos dicho.

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