Descripción Colonial, Libro Segundo

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La cibdad de Sanctiago, cabeza de obispado, y al presente del reino de Chile, se fundó por el gobernador don Pedro de Valdivia en demasiado llano, en un sitio nombrado de los indios Mapocho, á la ribera de un rio, al ivierno grande y peligroso para la cibdad; al verano, que es al revés de España, se pasa de piedra en piedra; ni tiene barranca, ni madre, por lo cual se ensancha, y siempre para la cibdad, la cual si no repara se la ha de llevar, como ya estuvo á pique dello. Es abundantísima de todo género de mantenimientos, de vino y fructas de las nuestras, bonísimas, almendras y aceitunas, si estos dos árboles, y ninguno otro de los nuestros no tuvieran contrario, porque el almendro comienza á florecer en medio del ivierno por Julio, al principio cae un yelecillo, arrebátale la flor; y el aceituno, al tiempo que está en flor suele venir una niebla que se la abrasa; todos los otros árboles nuestros no padecen detrimentos, ni los naranjos ni limos, que se dan dentro y fuera de la cibdad. Tambien suelen venir algunos yelos sobre las viñas, á las cuales cuando están en cierne no le son buenos amigos.

Dista esta cibdad de la cordillera tres leguas, y con todo eso el calor á su tiempo de dia y de noche es crecido, y el frio en el suyo; á este tiempo suelen venir algunas borrascas de nieve tan buenas como en Salamanca, con tanto Norte, que arrancan los árboles de cuajo, y á los que no, con la mucha nieve que cae sobre ellos los desgaja; es pueblo lluvioso desde mediado abril, que comienzan las aguas cuotidianamente, hasta agosto; unos años son más, otros menos, como en todos los reinos, que es cuando comienzan los nortes, los cuales en este reino son recísimos, y mientras más arriba, más vehementes, y al principio son poco menos que pestilencia; traen mucho catarro y dolor de costado consigo, y asimismo en todo el Perú, como actualmente lo expirimentamos en este valle de Jauja, donde escribimos esto; tres meses no ha dejado de correr y nos ha traido el sarampion á los niños, y viejos, é mozos, y á las viejas bastante catarro, con el cual se ha llevado no pocas. Los vecinos y moradores todos tienen sus viñas, cual mayor, cual menor, y tierras de pan, donde cogen trigo, maíz, garbanzos, lentejas, melones y las demás legumbres, de suerte que no hay plaza donde se venda cosa alguna, ni pulperia; las camuesas y manzanas que se dan, parece no creible; con ellas se engordan los cebones. El que no las tiene, con enviar una carreta á casa de su vecino se la daran de valde, y así se hace. Un buen hombre portugués, un poco fuera de la cibdad, aunque agora ya están dentro, plantó cuatro cuadras, unas frontero de otras, todas de camuesos y manzanas, que al tiempo de la fructa entrar en ellas es entrar en una casa de olores, y no le sirven más que de perderse, y darlas á carretadas. La comarca desde las tejas de la cibdad es abundantísima de todo género de ganado: en los campos, hatos de yeguas cimarronas, de donde cada año sacan no pocos "caballos" para la guerra; algunos salen bonísimos; fuera desto hay crias de caballos; los mejores son de Alonso de Córdoba, que tambien la tiene de mulas que envia á Potosí, y aprueban muy escogidamente; allá no se usan, porque la tierra es cenegosa, particularmente de la cibdad de Chillán adelante.

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