Descripción Colonial, Libro Segundo coverCAPÍTULO 82
CAPÍTULO 82

DE LOS PERLADOS Y RELIGIOSOS DE LAS ORDENES

CAPÍTULO 82Visible text1 paragraph
La primera religion que pasó á este reino creo fué de Nuestra Señora de las Mercedes; no sé qué calidades tuviesen los religiosos, porque dellos hay poca memoria. Despues vinieron religiosos de la Orden de Sanct Francisco, y entre ella el padre Fr. Cristóbal de Rabaneda, predicador, que fué provincial, con otros de buen ejemplo que comenzaron á poblar en los pueblos de los españoles y á doctrinar á los naturales desde Coquimbo hasta Chilué. El padre Fray Francisco de Montalvo fué varon muy religioso, buen predicador y provincial, á quien subcedió el padre Fr. Domingo de Villegas, religioso de buen gobierno y esencial; despues del cual subcedió el padre Fray Joan de Tobar, á quien los indios mataron con dos compañeros cuando al gobernador Loyola; agora esta provincia está subjeta á la de Lima; gobiérnala con título de Vicario provincial el padre Fr. Joan de Lizárraga, loablemente, muy buen pedricador y deudo nuestro. Nuestra religion vino la postrera, y el primero que de nuestros religiosos entró en este reino con don García de Mendoza fué el padre Fr. Gil González Dávila, varon docto, gran pedricador, muy esencial, de muy buen ejemplo, con un compañero llamado Fr. Luis de Chaves, el cual, aunque no era docto, sus buenas costumbres suplian la falta en esto; despues le sucedió el padre Fr. Lope de la Fuente, muy buen religioso y gran lengua en la del Perú, y llegado acá en breve tiempo deprendió la de los naturales y les predicó con mucho ejemplo de vida, así en el distrito de Sanctiago como en esta Concepcion, en Arauco y Tucapel y en las demás ciudades; vino este religioso padre por Vicario provincial, á quien en el mismo cargo sucedió el padre Fr. Jerónimo de Valenzuela, buen predicador, y cumplido su término se volvió al Perú; á quien sucedió y vino por Visitador el padre Presentado Fr. Diego de Niebla, religioso muy docto; despues de lo cual el Rmo. General de nuestra Orden, desde Lisbona, sin yo imaginarlo ni pedirlo, dividió esta provincia de la del Perú, y me nombró Provincial della, sin merecerlo; hice lo que se me mandó y vine por tierra desde la ciudad de Los Reyes, donde era prior de nuestro convento, por tierra, que como dicho tengo arriba, son más de ochocientas leguas, las más de las trescientas despobladas y de diversos temples; llegado á Sanctiago, hice lo que pude, y no lo que debia, porque soy hombre y no puedo prometer sino faltas; acabado mi provincialato me subcedió el padre Fr. Francisco de Ribero, buen predicador, á quien sucedió el que agora gobierna, Fray Acacio de Naveda, hijo deste reino, que hace bien su oficio y ha poblado en la provincia de Tucumán y del Rio de la Plata cuatro ó cinco conventos, de pocos frailes porque la pobreza de la tierra no sufre más.