Descripción Colonial, Libro Segundo

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La catedral del Cuzco tambien ha tenido bonísimos prelados. El primero el reverendísimo fray Juan Solano, de nuestra sagrada religion, el cual, gobernando don Hurtado de Mendoza, de buena memoria, marqués de Cañete, se fué á España y de allí á Roma, donde vivió muchos años y acabó loablemente en buena vejez, con admirable ejemplo de virtud, haciendo crecidas limosnas. Sucedióle don Sebastian de Lartaum, dotor por Alcalá de Henares, guipuscuano, varon doctísimo y por sus letras nominatísimo en aquella Universidad, y de allí por la buena fama de su cristiandad fué promovido á esta silla; gran eclesiástico, amigo de toda virtud, temido de los que no la seguian; tuvo muchos trabajos en este reino, en que Nuestro Señor le ejercitó, así con sus prebendados como con otras personas; empero el mayor fué un falso testimonio que le levantaron, diciendo que en el Cuzco habia hecho compañia para sacar un tesoro con el licenciado Gamarra, médico, y segun fama con el capitan Martin de Olmos, vecino encomendero de la misma ciudad, del hábito de Santiago; los cuales todos tres lo sacaron y ocultaron por defraudar al Rey nuestro señor de su parte y quintos, y cupo á cada uno trecientas y sesenta y tres cargas y media de oro, el cual se sacó en casa (segun afirmaron) del licenciado Gamarra; esta fama llegó á oidos de don Francisco de Toledo, Visorrey, y luego envió al Cuzco al licenciado Paredes, Oidor de la Real Audiencia de Los Reyes, el cual procedió contra el licenciado Gamarra; prendiólo, y á su mujer doña Catalina de Urbina; dióles tormento, y al capitan Martin de Olmos tuvo preso: no pareció nada. ¿Cómo habia de parecer lo que no era?

Al reverendísimo mándanle bajar á Lima, y no pudo hacer otra cosa; decian que debajo de una torrecilla edificada junto á la escalera de la casa del licenciado Gamarra, de allí lo habian sacado, y por eso la derribaron, y es cierto que yo me hallé en el Cuzco cuando la torrecilla se cayó, por ser el año de muchas aguas, y entonces no se dijo tal ni estaba el reverendísimo en el pueblo, y dende á dos años adelante se publicó el falso testimonio; fueron, si no me engaño, tres clérigos los autores desto, y todos tres pararon en mal. El uno, estando preso en un navio en el puerto del Callao de Lima, se quemó, con otras muchas personas, en él. El otro, saliendo de su casa en un pueblo de indios que doctrinaba, cayó un rayo y lo mató; no habian pasado tres dias que pasando yo pocas leguas de aquel pueblo por el camino de Potosí á Arica, así lo referian, y así pasó. El otro tambien acabó en mal, y porque la honra del dicho señor obispo no perezca, porné aquí lo que al tiempo de su muerte mandó para defensa suya se hiciese, y la sentencia que por el Concilio provincial de Lima en su favor se dió el año de 83 pasado.

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