Descripción Colonial, Libro Segundo

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El primer obispo nombrado para la ciudad de La Plata fué el Regente fray Tomás de San Martin, de nuestra Orden, de quien, tractando en el libro precedente de nuestro convento de Los Reyes, dijimos alguna cosa; varon de mucho pecho y valor, muy docto, gran predicador, de bonísimo y acendrado ingenio, de mucha prudencia, con la cual, despues de vencido el tirano Gonzalo Pizarro, y repartida la tierra, hallándose muchos descontentos, por haber quedado sin suerte, de los servidores de Su Majestad, temiéndose otra rebelion peor que la pasada, en un sermon los quietó, diciéndoles que lo menos que habia que repartir se repartió; porque habia tal y tal descubrimiento y conquista, de noticia y riquezas nunca oidas; que esto se dejaba para los ánimos valerosos, con lo cual y con otras razones quietó los ánimos que estaban ya medio rebelados. No le alcancé, porque cuando llegué á la ciudad de Los Reyes habia poco era muerto; pero lo que dél se decia es que en el tiempo que duró la tirania de Gonzalo Pizarro, el cual siempre lo tuvo por sospechoso, y aun le quiso matar, y despues de llegado á estas partes el presidente Gasca, andando siempre en el ejército de Su Majestad, más soldados y capitanes le acompañaban que al Presidente, ni al ilustrísimo de Los Reyes; tan bien quisto era de todos, y tanto le amaban. Diré lo que á personas que le oyeron el sermon dijo hablando con el presidente Gasca en favor de un caballero de Cáceres que habia servido bien, y habia quedado sin suerte; llamábase el caballero Mogollon; quejósele que no le habian gratificado sus servicios, y rogóle con el presidente Gasca fuese parte para ello; prometióle hacerlo, y en un sermon que se ofreció, presente el Presidente, muy á propósito trujo: Agora, señor, cosa es digna de que nos admiremos que coman todos de mogollon, y que Mogollon muera de hambre; no es de vuestra señoría consentir tal cosa.

Esto fué bastante para que se le diese un repartimiento, creo en Arequipa, y así fué. Predicó á Su Majestad del emperador Carlos V, de gloriosa memoria, Rey y señor nuestro, en Flandes, domingo, en las octavas de Nuestra Señora de la Asumpcion, y el dia propio de Nuestra Señora habia predicado un religioso del seráfico Francisco, y hecho una escalera de doce gradas por donde habia subido Nuestra Señora; dejó admirada á la corte la fama del regente y provincial de las Indias; además de la presencia del Emperador y cortesanos, concurrió todo el mundo, y refiriendo en breve las gradas de la escalera que habia traido el presidente de San Francisco, dijo: pues más gradas faltaron, y añadió otras ocho más, con lo cual todos quedaron pasmados. Allí le hizo Su Majestad merced por sus méritos, y porque más merced merecia, del obispado de La Plata, dividiéndolo del Cuzco, de donde se partió para estas partes, habiendo dado primero larga relacion de todo lo pasado en la rebelion de Gonzalo Pizarro (fué con el presidente Gasca) á Su Majestad, y Su Majestad, teniéndose por muy servido, le dió licencia para volverse. Llegó á la ciudad de Los Reyes, donde en breves meses dió el ánima al Señor y fué enterrado en nuestro convento é iglesia, que siendo provincial habia hecho, en la capilla mayor, al lado del Evangelio, con gran sentimiento de toda la ciudad, y mayor de nuestros religiosos, sin llegar á sentarse en su silla. Todo lo que tenia dejó al convento.

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