Explore "Descripción Colonial, Libro Segundo" by Reginaldo de Lizárraga on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dia de Sant Andrés adelante se celebraron fiestas en la ciudad, con una sortija y muy costosas libreas; los más principales del reino corrieron; hallóse presente el Marqués, y dió perdon general á los culpables en la tirania de Francisco Hernandez, si no fueron aquellos cuyas causas estaban pendientes y presos, entre los cuales en la cárcel de Corte habia algunos, no llegaban á veinte; á éstos, porque el Marqués era humanísimo y nada amigo de derramar sangre, los condenó á que aherrojados con grillos trabajasen en la labor de la puente que mandó hacer en el rio desta ciudad, como arriba tractamos; mas trabajaron pocos meses, algunos de los cuales, teniendo amigos conocidos ó conterráneos mercaderes, se encomendaron que les pidiesen limosna y comprasen negros, y por ellos los diesen al Marqués; hiciéronlo así los mercaderes (era mucha lástima ver aquellos miserables cargar ladrillo y mescla, aherrojados); fuéronse al Marqués y dícenle: Señor, vuestra excelencia tiene condenado, y justísamente, á fulano á que trabaje en la puente, como trabaja; vuestra excelencia sea servido recibir un esclavo negro que traemos por él, y desterrarlo ó hacer lo que vuestra excelencia fuere servido; el negro ofrecemos á vuestra excelencia para que perpétuamente sirva como lo es, y despues de acabada la puente aplíquelo vuestra excelencia á quien fuere servido. El Marqués holgó extrañamente con la merced que se le pedia, y alabóles el hecho, porque ya sus entrañas no sufrian ver españoles en estos reinos trabajar aherrojados como esclavos en la puente con indios y negros; concedió lo pedido, y uno desta manera libre, los demás así se libertaron, á los cuales desterró del reino, y embarcó, unos para México, otros para el reino de Tierra Firme; fuéronse y no volvieron más. Los negros creo se aplicaron para la ciudad. Despues desto, porque el capitan Martin de Robles, suegro del general Pablo de Meneses, se descomidió (segun dicen) á decir que el Virrey venia mal criado y era necesario bajar á Los Reyes á ponerle crianza, mandó por una carta al licenciado Altamirano, Oidor de la Audiencia, á quien habia hecho corregidor de la ciudad de La Plata y Potosí (entonces este corregimiento, como agora, era uno) que hiciese justicia dél. Prendiólo y ahorcólo; que fuese justamente justiciado ó no, no es de mio juzgarlo; á lo menos, las palabras fueron demasiadamente descomedidas (no digamos desvergonzadas), porque sabian á rebelion, y por ellas y por otras que se escribian al Marqués, libérrimas, mandó lo referido. Era el capitan Martin de Robles (no le conocí) hombre que se picaba de gracioso y decidor y no perdonaba por un buen dicho (así lo llamaba el vulgo necio, siendo mal dicho y pernicioso) ni á su mujer ni á otro, y por eso, por donde pecó pagó. Era fama en Los Reyes que el Marqués, enfadado desto, decia al general Pablo de Meneses, yerno de Martin de Robles: escribid á vuestro suegro venga á esta ciudad; pero que el general Pablo de Meneses le escribiese, ó no, no lo sé; á lo menos del ánimo generosísimo del Marqués se collige que si bajara, no muriera como murió. Fué su muerte en Potosí, donde á la sazon estaba.