Explore "Descripción Colonial, Libro Segundo" by Reginaldo de Lizárraga on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hecho esto, luego determinó remediar el reino de Chile, porque demás de la guerra con los indios araucanos, que se habian rebelado y muerto al gobernador don Pedro de Valdivia, entre dos capitanes, Francisco de Aguirre y Francisco de Villagrán, habia disensiones sobre el gobierno, cada uno pretendiéndolo para sí: por lo cual nombró por capitan general á su hijo don García de Mendoza que consigo trujo, de 23 á 24 años, de grandes esperanzas, como las ha cumplido, y diremos cuando de su gobierno en estos reinos tractaremos; con quien fueron muchos y muy buenos soldados, viejos y bisoños, y caballeros principales desta tierra, con los cuales y con el favor de Nuestro Señor en breve redujo al servicio de la corona Real los indios rebelados; repartiólos y dejó el reino tan llano como este del Perú, y porque esta historia en la "Araucana" de don Alonso de Ercilla se puede ver, desto no más.
Compuesto el reino y gozando de mucha paz, tractó de hacer mercedes á los beneméritos, así capitanes como soldados principales, que en la tirania de Francisco Hernandez habian servido á Su Majestad gastando lo poco que tenian y de sus amigos, como fueron los capitanes Diego Lopez de Zúñiga, Rodrigo Niño (de quien dijimos), Juan Maldonado de Buendia, y otros bravos y famosos soldados, á los cuales llamándoles y haciéndoles su razonamiento, con esperanzas de les acrecentar las mercedes, les daba á uno 7.000 pesos ensayados por dos vidas, á otros cinco, á otros cuatro, á los soldados, á dos mil pesos, porque la tierra no sufria más por entonces, no habia repartimientos vacios: empero ellos, no usando de la cordura que se requeria, no quisieron recebir la merced que se les hacia, y dijeron les diese de comer conforme á sus méritos, y si en breve relacion se ha de tractar verdad, y en larga, otros méritos no tenian más de haber servido de capitanes, porque hacienda no tenian mucha; pues experiencia de guerra, no creo ninguno dellos habria servido en Italia, y por eso dijo Martin de Robles: Malograda de la madre que este año no tuviese hijo capitan; y en esta guerra contra Francisco Hernandez, ninguno derramó gota de sangre, porque con él nunca llegaron á las manos, y cuando Francisco Hernandez se desbarató y perdió, como referimos, no hobo quien contra los traidores echase mano á la espada; de suerte que muy bien pagados eran los unos y los otros, y yo sé que se arrepintieron más de seiscientas veces por no haber admitido las mercedes que en nombre de Su Majestad el buen Marqués les hacia.