Explore "Descripción Colonial, Libro Segundo" by Reginaldo de Lizárraga on Textopian. Read with annotations and highlights.
En tiempo que vivió en estos reinos fué castísimo y muy amigo que todos los de su casa, como es justo, lo fuesen, y mirando por esto y por el buen ejemplo que están obligados á dar los que gobiernan. Diré lo que dijo el padre Molina. Este padre Molina se consagró á servir á los españoles en el hospital llamado San Andrés: en él era capellan, mayordomo, y toda la casa quien la gobernaba, y todas las haciendas. El piadosísimo Marqués acudia á hacerle muy crecidas limosnas, porque le dió más de 30.000 pesos de su hacienda; el padre Molina venia de noche á tractar con el Marqués las necesidades del hospital, y como de clérigo, los vestidos eran largos; díjole el Marqués: Padre Molina, ya sabeis que para vos no hay puerta cerrada, ni hora ocupada; no vengais más de noche; traeis esas faldas largas; algun malicioso pensará sois mujer; mirad que en público y en secreto somos obligados á dar buen ejemplo.
Como se preciaba tanto de ser padre de pobres, fuera de las limosnas hechas al hospital de los españoles, y aun al de los indios y al convento de San Francisco, hizo otras en particular, no pocas, pero destas referiré dos ó tres. Un buen hombre vino de México, casado y pobre; entró á pedirle limosna (para los pobres no habia puerta cerrada); mandólole dar una barra; las limosnas luego se daban sin réplica ni libramiento, porque luego mandaba á su mayordomo y mandábale diciendo: Dad tanto á este buen hombre; luego era cumplido. El buen hombre, muy contento con su barra, antes que saliese de la sala, tornólo á llamar el piadoso Marqués y dícele: Buen hombre, ¿sois casado? respóndele: Sí, señor, y traigo mi mujer é hijos; dice al mayordomo: Montoya, dadle otra barra; no tiene para zapatos; y luego pregúntale: ¿Tenéis oficio? y respondióle: Sí, señor; sé mucho de labranza y crianza; el buen Marqués dícele: Mucho me alegro de eso, porque agora mando poblar un pueblo 22 leguas desta ciudad, de muy fértil suelo; ídos allá con vuestra mujer é hijos; yo os daré una carta para el capitan Zurbano; allí os dará solar para casa, tierras para pan y para viñas; hacedme allí una heredad muy buena para vos y para vuestros hijos, y cuando tuviéredes necesidad, no vengais acá, sino escribídmela, yo os la remediaré. Con esto se fué el hombre muy contento, y de aquí á Cañete.