Descripción Colonial, Libro Segundo

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Al liberalísimo y cristianísimo marqués de Cañete sucedió el conde de Nieva don. de Velasco, bonísimo caballero y buen gobernador, de quien no podemos decir cosas notables que en su tiempo subcedieron; no las hobo; el reino gozó de mucha paz y abundancia. Entre otras cosas buenas que tenia era ésta, gran paciencia para oir á los pretensores que les parecia estar agraviados del liberalísimo marqués de Cañete por no los haber dado todo el Perú, y para los demás negociantes.

Diré una cosa de admirable paciencia para quien tenia la suprema del reino: acabando de comer se levantaba y oia á los negociantes y pretensores, arrimado á una ventana; llegó un pretensor, y por ventura fatigado de la hambre, y por otra parte demasiadamente atrevido, por sus servicios, y pidiendo remuneracion dellos, levantó la voz más de lo justo; á quien el Conde con gran paciencia y con voz baja le dijo: Habla más paso; el nescio pretensor, no curando del buen consejo, levantó más la voz, representando sus servicios; díjole otra vez el Conde: Ya os he dicho que hableis paso; respondió el pretensor: ¡Oh, señor, soy colérico! á esto respondió el Conde con la paciencia de que habia usado: Tambien soy yo colérico y me modero en mis palabras; andad con Dios, y otro dia venid más moderado. Los circunstantes admiráronse de tanta paciencia y salieron alabándola. Despues desto, dijéronle que un soldado escrebia á Su Majestad cosas del gobierno del Perú, y algunas no muy en favor del Conde; mandóle llamar, y díjole: Dícenme que escrebís al Rey Nuestro Señor. El soldado respondió: Sí, señor, han dicho verdad á Vuestra Excelencia. A quien no dijo más palabra: En hora buena, escrebidle; pero advertid que le escribais verdad, porque si no, la carta que le escribiéredes ha de volver á mis manos, y lo que no fuere verdad pagareis.

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