Descripción Colonial, Libro Segundo

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Dende á pocos meses de la muerte del nobilísimo conde de Nieva, entró en la ciudad de Los Reyes, con título de gobernador, el licenciado Lope García de Castro, del Consejo de Indias, y aunque con título de gobernador, con todo el poder que traen los Visorreyes; hízosele el recibimiento que á los Visorreyes se suele hacer. Gobernó poco más de cinco años, con mucha paz y tranquilidad, y aunque en su tiempo hobo algunos rumores de motines, y no eran rumores, sino más, con todo eso los apaciguó sin derramar gota de sangre. Fué gran cristiano y afabilísimo, y muy amigo de hacer merced á los hijos, nietos y demás descendientes de los conquistadores, porque como vacase repartimiento destos tales, no lo habia de quitar á los hijos segundos, nietos ó tataranietos de los conquistadores, y así lo decia, como lo hizo con don Juan de Ribera, el viejo (hijo de Nicolás de Ribera), el cual muriendo, y por su muerte heredando el hijo mayor, Alonso de Ribera, que murió sin heredero, los indios de la encomienda dió á don Juan de Ribera, hijo segundo, mandándole se llamase don Juan de Ribera, y no de Avalos, como se llamaba, porque la memoria de su padre no pereciese, pues los indios no se los encomendaba por ser Avalos, sino por ser Ribera; y lo mismo tenia determinado hacer, y la cédula firmada, si muriera el capitan Diego de Agüero, el mozo, de una enfermedad de que estaba desafuciado, para dárselos al mayor de sus hijos, porque las dos vidas en él se concluian, en lo cual mostraba bien el ánimo suyo para con los conquistadores y sus descendientes. Tuvo algunos émulos en los pretensores, y no pudo satisfacerlos, porque en el tiempo que gobernó vacaron muy pocos repartimientos, y no vacando no tenia que encomendar, por lo cual para entretener, con acuerdo de la Audiencia y del ilustrísimo Arzobispo y prelados mayores de las Ordenes, instituyó corregidores en partidos de los indios, que por entonces pareció convenia; mas dende á poco tiempo se vieron grandes inconvenientes, y no tantos como agora; señalábales salario repartido por cabezas de los indios, para los que eran corregidores; no los sacaban de las tasas como agora se sacan. Por lo cual en nuestro convento de Los Reyes nos mandaron los prelados, á los que podiamos confesar, no confesásemos á corregidor, ni que lo hobiese sido, ni lo pretendiese; buscasen otros confesores; destos corregidores por ventura volveremos á tractar adelante, y no será muy tarde, cuando tractaremos del gobierno de don Francisco de Toledo.

En su tiempo despachó á un sobrino suyo, llamado Alvaro de Mendaña, caballero de 25 años, pocos más, de grandes esperanzas, nobilísimo y de muy buenas partes, con dos navios y muchos y muy buenos soldados antiguos y modernos, al descubrimiento de las islas de Salomón, con título de gobernador y capitan general, y por su maese de campo á Pedro de Ortega Valencia, hombre de mucho gobierno, á quien, si Alvaro de Mendaña faltase, le instituia en el mismo cargo; con próspero viaje, en breve tiempo caminando, ó por mejor decir navegando al Poniente, sin se apartar de la línea equinoctial más que á doce grados de la una y otra parte della, descubrió cantidad de islas, todas pobladas, y algunas muy grandes, y en particular una que, por descubrirla el maese de campo, natural de Guadalcanal, le puso el nombre de su patria. Esta es muy grande y pobladísima; la gente es morena, y alguna que come carne humana; bien dispuesta y valiente; usan arco y flecha, qu'es el arma más antigua del mundo, y dardos de palma arrojadizos, con los cuales fácilmente pasan una rodela; los que fueron eran pocos para poblar, y se habian de dividir, porque en un navio necesariamente habia de volver con la nueva y relacion de lo descubierto, y en él algunos de los soldados, y los que quedaban eran pocos para sustentarse; determinaron dar la vuelta al Perú, donde aportaron. Despues fué Alvaro de Mendaña á España, hizo relacion de lo que habia visto y descubierto; hízole merced Su Majestad del Adelantamiento dellas, y dióle cédulas y recados para que el Visorrey le diese lo necesario.

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