Descripción Colonial, Libro Segundo

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Sucedió (como acabamos de decir) al humanísimo gobernador Castro don Francisco de Toledo, caballero del hábito de Alcántara, de bonísimo y delicado entendimiento; fué recibido en Los Reyes con la solemnidad acostumbrada. Luego dentro de pocos meses procuró reformar algunas cosas en la ciudad dignas de reformación, de servicio de Dios Nuestro Señor, que fueron ciertos públicos amancebamientos, los cuales reformados, y aun castigados, y acabada la residencia del gobernador Castro, en la cual tuvo poco que entretenerse, salió á visitar todo el reino, como traia órden de Su Majestad para ello, cosa necesarísima para todo el reino, de Lima hasta Potosí, que es lo principal, y siendo informado, y viéndolo en muchas partes por vista de ojos, cuán derramados vivian los indios en poblezuelos pequeños, si no eran los del Collao, que éstos tenian sus pueblos grandes y formados, y aun aquí se redujeron no pocos que habia en la Puna, ó Xalca (Puna ó Xalca llamamos á la tierra fria donde se cria el ganado), mandó hacer esta reducción, de muchos años por los sacerdotes deseada; obra de mucho trabajo, por la dificultad que en los indios se halló para dejar sus casillas donde sus antepasados habian vivido, pero de gran bien para la instrucción de los naturales en la doctrina cristiana, porque antes pueblos que hora son de trescientos vecinos y cuatrocientos, y más, estaban divididos en más de diez y doce poblezuelos, en circuito de más de tres leguas; por lo cual el sacerdote vivia en perpétuo movimiento, fuera de que, como en esta miserable gente ha entrado tan mal la fe y ley evangélica, volvíanse fácilmente á sus idolatrias y ritos antiguos. Agora, viviendo el sacerdote con ellos y ellos con el sacerdote, evítanse grandes inconvenientes, y acúdese á las confesiones y administración de sacramentos con mucha facilidad. Tasó de nuevo la tierra, y en muchas partes, por hallar multiplicados los indios, ó por ser la tierra más rica, subió los tributos. Pocos, creo, rebajó; á la provincia de Chucuito (como habemos dicho) lo que va á decir: de 36.000 pesos ensayados á 102.000, en lo cual si acertó ó erró, Nuestro Señor lo ha ya juzgado. En las tasas señaló el salario á los sacerdotes, á los corregidores de los partidos, porque antes pagábanlo los indios fuera de la tasa, y al curaca principal; luego al encomendero. Las más de las tasas redujo casi á plata, quitando no pagasen los indios tributos en cosas que en sus tierras tenian, conforme á las cédulas de Su Majestad hasta entonces usadas y guardadas; por lo cual la tierra ha venido á carecer de las menudencias que antes andaban rodando.

La tierra "estaba" más harta, y las casas de los vecinos más abundantes y llenas, y los indios con menos trabajo pagaban sus tributos, porque como parte fuese en plata, parte en ropa, parte en trigo, maíz, sogas, alpargates, gallinas, huevos, cebones, etc., si no era la plata, lo demás tenian en su tierra sin salir della; agora en las partes donde las redujo á plata, han de salir los miserables á buscarla á otras partes, á donde no pueden ayudarse de sus mujeres, y así las dejan, y hijos, y unos se mueren, otros se quedan, otros se meten en valles apartados de su natural, donde ojalá y no se casen otra vez; y con estos y otros inconvenientes, los más de los pueblos padecen detrimento, lo cual experimentamos con evidencia, porque en pueblos de 1.000 vecinos tributarios no se juntan á la doctrina, los domingos y dias para ellos forzosos, 250, y al respecto en lo demás. Allégase á esto para que acudan menos los tractos y contractos de los corregidores, que ocupan los indios enviándolos lejos de sus tierras, particularmente los del Collao, por trigo é maíz, más de treinta y cuarenta leguas, y por vino á la ciudad de Arequipa y á otras tierras de los Llanos, adonde corren riesgo de salud; por lo cual lo que se pensó que poner los corregidores habia de ser para bien de los naturales y para librarlos de las tiranias de los curacas, y malos tractamientos de algunos españoles, y para el augmento de sus haciendas, es la total destruicion de las haciendas de los indios, y mayor cuando se les ponen administradores, como los más los tienen, y para diminucion de los naturales.

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