Explore "El salón de alumnos en Bellas Artes" by Rodolfo Mata on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una amable sorpresa, una honda satisfacción, son los sentimientos que mueven a todo el que visita la exposición de dibujos y pintura de los alumnos de Fabrés, en la Academia de Bellas Artes. El que allí ocurre en busca de una doble emoción estética no sale defraudado, y largamente se desaltera contemplando las vastas series de dibujos llenos de interés, reveladores de fecundos esfuerzos, testimonios de la seguridad y la firmeza con que las vocaciones y los talentos van conducidos a un supremo fin. Se tiene el convencimiento de que el resultado matemático, infalible, de los sabios métodos implantados por Fabrés, será la amplia y franca producción del arte pictórico nacional. Así en pasados y abominables días, el resultado infalible, matemático, de los odiosos métodos seguidos por el viejo profesorado de la Academia, fue la desorganización de todo talento, el fracaso de toda vocación. Aquellos señores atrofiaban y deformaban el cerebro de sus alumnos, como los chinos atrofian los pies de sus mujeres, con toda especie de férreas y opresoras fórmulas, con toda una farmacia de emenagogos y abortivos. Enrarecían el aire privándolo sutilmente de oxígeno, tamizaban la gloria del sol a través de sus gafas obscuras, acallaban en torno todos los ruidos de la vida; como el holgazán Estilita, pasaban años enteros en medio del desierto, parados en un pie, y como los fakires hindús, se dejaban crecer uñas, cabellos y barbas, conociendo los más sutiles meandros de la pereza; pero sobre todo, desconociendo el arte. De uno de esos pontífices máximos de la esterilidad y el caos, corre por allí una verdadera receta de cocina, irrisoria y monstruosa, "para pintar la carne", una veladura de bermellón, otra de amarillo, otra de.
La boca de la fosa de Böcklin, se abre en aristofanesca carcajada, y en el cielo del arte palidece de espanto tu arco iris, ¡oh, veronés!