Explore "La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas" by Alonso de Castillo Solórzano on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llegan los ladrones con el robo; se ponen á cenar, y después de la cena empieza uno á contar la novela de «El conde de las Legumbres»
Aquella noche los tres camaradas de la garra, amigos íntimos de Crispín, llegaron á su ermita con un grandioso hurto, que era el que no había tenido efecto la noche que se acogieron al reparo del bosque, de quienes Garay oyó su platicar; lo que traían eran dos bolsas con lindos doblones, en que había más de mil y quinientos escudos. Á estos había Crispín de franquear la entrada en una casa, donde le daban limosna en la ciudad, y aquella noche no tuvo efecto su pretensión por el agua, que le fué estorbo al ermitaño Crispín para ir á la ciudad; ahora se facilitó más con un muchacho que dejaron dentro para que á media noche les abriese las puertas.