CANTO 18
PARTE 3: Paraíso
Canto Decimoctavo
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Aquel espíritu bienaventurado se recreaba ya en sus reflexiones, y yo saboreaba las mías, atemperando lo amargo con lo dulce, cuando la Dama que me conducía hasta Dios me dijo: -Cambia de ideas; piensa que yo estoy al lado de Aquél que alivia todas las contrariedades.
Yo me volví hacia la voz amorosa de mi consuelo, y desisto de expresar cuál fué el amor que vi entonces en sus santos ojos; no sólo porque desconfíe de mis palabras, sino porque la mente no puede repetir lo que es superior a ella, si otro poder no le ayuda. Sólo puedo decir con respecto a este punto que, contemplándola, mi ánimo se vió libre de todo otro deseo: pues el placer eterno, que irradiaba directamente sobre
