
Roberto Cruz, general revolucionario sinaloense de 73 años, narra en Los Mochis, en septiembre y octubre de 1961, los episodios centrales de su vida a partir del recuerdo del padre Miguel Agustín Pro Juárez, sacerdote jesuita cuyo fusilamiento marcó para siempre su fama pública como "troglodita" y "matón". Cruz relata su infancia en Torin, entre yaquis, hijo de padre rico y madre católica que soñaba con verlo sacerdote, y su temprano acercamiento a Francisco I. Madero en Álamos, donde presenció el trato humillante que este recibió del prefecto local. Cuenta su participación en la Revolución, su captura por los federales huertistas y su fuga del barco-prisión "El Demócrata" en Guaymas con ayuda de Emilia Preciado. Describe su ascenso militar, su amistad con Plutarco Elías Calles y con Álvaro Obregón, y el momento culminante de su carrera: la batalla de Ocotlán en 1924, donde resultó herido y fue nombrado general de división por Obregón la misma noche. Como inspector general de Policía bajo Calles, Cruz ocupó la antigua casona porfiriana donde después se levantaría la Lotería Nacional. Ahí administró la persecución religiosa ordenada por Calles tras las declaraciones del arzobispo de México, aunque permitió, por amor a su esposa doña Luz Anchondo, que se celebraran misas clandestinas cada domingo en su propia casa. Relata también su visita, junto a doña Luz, al papa Pío XI en Castel Gandolfo en 1934. El núcleo del relato es el atentado dinamitero contra Obregón en el Bosque de Chapultepec y la investigación que llevó a la captura del padre Pro, del ingeniero Segura Vilchis y de Tirado, tras que un cómplice herido delatara sus nombres antes de morir. Cruz describe la entrevista diaria con Calles, quien, tras revisar el expediente, ordenó fusilarlos sin juicio, rechazando la sugerencia de Cruz de remitirlos a un tribunal. Cruz presenció la ejecución de los tres, fumando un puro, y defiende su actuación como obediencia militar, contrastando la entereza de Segura Vilchis, quien asumió toda la culpa, con la actitud de Pro, que negó su participación. Luego narra el asesinato de Obregón a manos de José de León Toral en el restaurante La Bombilla, y el interrogatorio de Toral ante Calles y los obregonistas en la propia oficina de Cruz, donde el reo respondió que Dios le había ordenado matar a Obregón, disipando así las sospechas contra Calles. A raíz de esto, Calles destituyó a Cruz de la Inspección de Policía, nombrando en su lugar al general Ríos Zertuche, gesto que Cruz interpreta como una jugada política de Calles para probar su inocencia. Finalmente, Cruz relata el asesinato del general Francisco R. Serrano y sus acompañantes en Huitzilac en 1927, ordenado por Calles tras la asonada frustrada durante la campaña contra la reelección de Obregón. Cruz, amigo íntimo y hermano masón de Serrano, pidió a Calles ser relevado de la comisión de fusilarlo, lo que Calles concedió, encomendando la ejecución al general Claudio Fox. Describe las heridas de los cadáveres de Serrano y sus trece acompañantes, y reproduce las esquelas mortuorias publicadas el 5 de octubre de 1927.
By Julio Scherer García · First published 2005 · Genre: Biography, History, Political Narrative · 8 chapters · 16.440 palabras
Los Mochis, Sin., septiembre de 1961
La voz era amable, pero de tonos más bien agudos. Llamaba la atención, porque era expresada por un hombre de elevada estatura, de tórax prominente, moreno, serio, al parecer inexcrutable detrás de sus anteojos negros. Voz pausada a ratos de timbre chillante. A un hombre así —pensamos— debiera corresponder una voz de trueno.
Revolución Mexicana · testimonio oral · padre Pro Juárez · fusilamiento · Sinaloa · Plutarco Elías Calles · Álvaro Obregón · violencia política · narrativa histórica · persecución religiosa · ambigüedad moral · asesinato político
El indio que mató al padre Pro figura en Textopian como relato histórico de Julio Scherer García, con fecha de 2005 d. C.
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