Explore "El sueño del celta" by Mario Vargas LLosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el sheriff gordo abrió la puerta de su celda, entró y sin decir nada se sentó en la esquina del camastro donde estaba tendido, Roger Casement no se sorprendió. Desde que, violando el reglamento, el sheriff le había permitido tomar una ducha, sentía, sin que hubiera mediado palabra entre ambos, un acercamiento entre él y el carcelero y que éste, acaso sin darse cuenta, acaso a pesar de sí mismo, había dejado de odiarlo y tenerlo por responsable de la muerte de su hijo en las trincheras de Francia.
Era la hora del crepúsculo y la pequeña celda estaba casi a oscuras. Roger, desde el camastro, veía la silueta en sombra del sheriff ancha y cilíndrica, muy quieta. Lo sentía jadear hondo, como exhausto.