Explore "El sueño del celta" by Mario Vargas LLosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
«Dejaré mis huesos en ese maldito viaje», pensó Roger cuando el canciller sir Edward Grey le dijo que, en vista de las contradictorias noticias que llegaban del Perú, la única manera para el Gobierno británico de saber a qué atenerse sobre lo que allí ocurría, era que el propio Casement regresara a Iquitos y viera sobre el terreno si el Gobierno peruano había hecho algo para poner fin a las iniquidades en el Putumayo o se valía de tácticas dilatorias pues no quería o no podía enfrentarse a Julio C. Arana.
La salud de Roger andaba de mal en peor. Desde su regreso de Iquitos, incluso durante los pocos días de fin de año que pasó en París con los Ward, volvió a atormentarlo la conjuntivitis y rebrotaron las fiebres palúdicas. También las hemorroides lo fastidiaban de nuevo, aunque sin las hemorragias de antaño. Apenas volvió a Londres, en los primeros días de enero de 1911, fue a ver a los médicos. Los dos especialistas que consultó dictaminaron que su estado era consecuencia de la inmensa fatiga y la tensión nerviosa de su experiencia amazónica. Necesitaba reposo, unas vacaciones muy tranquilas.