Explore "El sueño del celta" by Mario Vargas LLosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Se despertó, entre asustado y sorprendido. Porque, en la confusión que eran sus noches, en ésta lo había tenido sobresaltado y tenso durante el sueño el recuerdo de su amigo -ex amigo ahora- Herbert Ward. Pero, no allá en el África, donde se habían conocido cuando ambos trabajaban en la expedición de sir Henry Morton Stanley, ni después, en París, donde Roger había ido a visitar a Herbert y Sarita varias veces, sino en las calles de Dublín y nada menos que en medio del estruendo, las barricadas, los tiroteos, los cañonazos y el gran sacrificio colectivo de Semana Santa. ¡Herbert Ward en medio de los alzados irlandeses, los Irish Volunteers y el Irish Citizen Army, peleando por la independencia de Eire! ¿Cómo podía la mente humana entregada al sueño armar fantasías tan absurdas?
Recordó que hacía pocos días el gabinete británico se había reunido sin tomar decisión alguna sobre el pedido de clemencia. Se lo había hecho saber su abogado, George Gavan Duffy. ¿Qué sucedía? ¿Por qué esta nueva postergación? Gavan Duffy veía en ello una buena señal: había disensiones entre los ministros, no lograban la unanimidad indispensable. Había, pues, esperanzas. Pero esperar era seguir muriendo muchas veces cada día, cada hora, cada minuto.