Explore "La sociedad de consumo: sus mitos, sus estructuras" by Jean Baudrillard on Textopian. Read with annotations and highlights.
Junto con la belleza, tal como acabamos de definirla, la sexualidad orienta hoy en todas partes el «redescubrimiento» y el consumo del cuerpo. El imperativo de belleza, que es imperativo de resaltar el valor del cuerpo por la vía de la reinvestidura narcisista, implica lo erótico entendido como la manera de resaltar el valor sexual. Hay que distinguir claramente lo erótico, como dimensión generalizada del intercambio en nuestras sociedades, de la sexualidad propiamente dicha. Hay que distinguir el cuerpo erótico, soporte de los signos intercambiados del deseo, del cuerpo como lugar del fantasma y habitáculo del deseo. En el cuerpo/pulsión, el cuerpo/fantasma, predomina la estructura individual del deseo. En el cuerpo «erotizado» lo que predomina es la función social de intercambio. En este sentido, el imperativo erótico que, como la cortesía o tantos otros ritos sociales, pasa por un código instrumental de signos, sólo es (como el imperativo estético en la belleza) una variante o una metáfora del imperativo funcional.
El «calor» de la mujer de Elle es el mismo que el del conjunto mobiliario moderno: es una calidez de «ambiente». Ya no corresponde a la intimidad, a lo sensual, sino que compete a la significación sexual calculada. La sensualidad es calor. Esta sexualidad, en cambio, es caliente y fría, como el juego de colores cálidos y fríos de un interior «funcional». Tiene la misma «blancura» de las formas envolventes de los objetos modernos, «estilizados» y «vestidos». Aunque tampoco es frigidez, como se suele decir, pues la frigidez subentiende todavía una resonancia sexual de violación. La modelo no es frígida: es una abstracción.