El Danubio by Claudio Magris — Read

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Las fotografías del encuentro muestran nucas grasientas, papadas que tiemblan sacudidas por la risa, vientres hinchados como odres, rostros porcinos sudados por la cerveza y por las carcajadas. Se entiende que Dionisos, dios de la ebriedad, tenga que ser el dios del vino y no de la cerveza. Es la reunión del miércoles de ceniza en Vilshofen, en la Baja Baviera, una tradicional concentración política que se remonta a las ferias y a los mercados de ganado de los siglos pasados. En esta fiesta popular, anteriormente expresión del mundo campesino y desde hace poco trasladada en parte a la Nibelungenhalle de Passau, triunfa la CSU y, con ella, Franz Josef Strauss, que desde el punto de vista fisionómico tiene todos los puntos para emerger con su vital y desbordante mezcla de sudor, extraordinario olfato político -que le convierte en un líder de miras internacionales-, vulgaridad, energía y demagogia plebeyo-reaccionaria. Hasta 1957, Vilshofen no era tanto el escenario de Strauss y de la CSU como del Bayernpartei, del Partido de Baviera, y de su leader rugiente y mugiente, Joseph Baumgartner. El Partido de Baviera, escribe Carl Amery, todavía estaba genuinamente arraigado en la tradición populista, rural y religiosa que había representado, durante más de un siglo, una alternativa a las fuerzas ilustrados-liberales, que fueron llevadas al poder, a comienzos del siglo XIX, por el gran ministro Montgelas.

Montgelas había creado un Estado ilustrado-autoritario dirigido por un aparato de burócratas, una máquina política que, en nombre del progreso y de la razón, también había impuesto a la sociedad una camisa de fuerza. Como ocurre con la dialéctica de la ilustración, la máquina estatal bávara había avanzado por el camino de la modernización, efectuando reformas y consiguiendo notabilísimas conquistas civiles, pero su perfecto funcionamiento había acabado por comprimir la sociedad e integrarla a la fuerza en los engranajes administrativos. Sus adversarios -los «negros», campesinos y clericales- representaban la tradición y también la reacción, el populismo regresivo, pero representaban asimismo, en ocasiones, auténticas exigencias populares, libertades y autonomías, individualidades históricas que se resistían legítimamente a ser borradas por el despotismo jacobino-absolutista.

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