Explore "El Danubio" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.
¿Quién cree en Ulm? , preguntaba Céline durante su fuga por la Alemania devastada. Se preguntaba, caústico y mordaz, si Ulm seguía existiendo o si los bombardeos la habían destruido. Cuando la realidad está siendo anulada con violencia, pensarla se convierte en un acto de fe. Pero toda la realidad, en cada instante, es anulada, aunque por fortuna no siempre con la sangrienta escenografía de las bombas de fósforo y sí a trazos imperceptibles, y no se puede hacer otra cosa que creer que existe. Una fe, vivida e introducida en los gestos del cuerpo, confiere la tranquila certidumbre vital que permite atravesar el mundo sin que el corazón se turbe. El conde Helmuth James von Moltke, bisnieto del feldmariscal prusiano que había vencido en Sedán y había sido llamado el pensador de batallas, creía firmemente en Jesucristo y cuando el Tribunal del Pueblo del Tercer Reich le condenó a muerte en 1945, por su oposición antihitleriana, se enfrentó a la ejecución de la misma manera que se acepta una invitación a una cena desagradable pero inevitable.
No es necesaria la fe en Dios, basta la fe en las cosas creadas, que permite moverse entre los objetos persuadido de su existencia, convencido de la irrefutable realidad de la silla, del paraguas, del cigarrillo, de la amistad. Quien duda de sí mismo está perdido, al igual que quien, temiendo no conseguir hacer el amor, no lo consigue. Se es feliz junto a las personas que hacen sentir la indudable presencia del mundo, así como un cuerpo amado proporciona la certidumbre de esos hombros, de ese seno, de esa curva de las caderas y de su onda que sostiene como un mar. Y quien no tiene fe, enseña Singer, puede comportarse como si creyera; la fe vendrá después.