El Danubio by Claudio Magris — Read

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¿Neweklowsky era un persuadido? La muerte «benignamente rápida» que le llegó poco después de su octogésimo cumpleaños, como dice su biógrafo, dándole un leve y armonioso tránsito, parecería demostrarlo. La persuasión, ha escrito Michelstaedter, es la posesión presente de la propia vida y de la propia persona, la capacidad de vivir a fondo el instante sin la maniática angustia de quemarlo pronto, de atraparlo y utilizarlo con vistas a un futuro que llegue cuanto antes y por tanto de destruirlo en la espera de que la vida, toda la vida, pase velozmente. Quien no está persuadido consume su persona en la espera de un resultado que siempre está por llegar, que no existe nunca. La vida como carencia, como deesse, aniquilada continuamente en la esperanza de que la difícil hora presente ya haya transcurrido, a fin de que haya terminado la gripe, se haya superado el examen, se haya celebrado el matrimonio u obtenido el divorcio, terminado un trabajo, hayan llegado las vacaciones, se haya pronunciado el dictamen del médico. Se spera sperando / che vegnarà l'ora / de andar in malora / per più no sperar. (Se espera esperando / que llegue la hora / de acabar en mala hora / para ya no esperar más.)

La «retórica», o sea la organización del saber, es el enorme engranaje de la cultura, el febril mecanismo de la actividad con que los hombres incapaces de vivir consiguen engañarse, protegerse de la aniquiladora conciencia de su falta de vida y de valor, no darse cuenta de su vacío. Al salir de la biblioteca y dirigirme al barrio de pescadores, me pregunto si las dos mil ciento sesenta y cuatro páginas de Neweklowsky son también un bastión de la gran muralla de la retórica, que oculta la vista y la conciencia de la propia nada.

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