Las antinomias de Antonio Gramsci

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Ateniéndonos por el momento a los términos de los Cuadernos de la cárcel[1], se ha visto que la distribución clave, que eluden cada una de las sucesivas versiones de Gramsci, a pesar de que lo hacen desde direcciones distintas, es una asimetría entre la sociedad civil y el Estado en Occidente: la coerción se localiza en uno de los términos, el consentimiento en ambos. Esta respuesta «topológica» plantea, no obstante, un problema más profundo. Más allá de esta distribución, ¿cuál es la relación o conexión entre consenso y coerción en la estructura del poder de clase burgués en el capitalismo metropolitano? El funcionamiento de la democracia burguesa parece justificar la idea de que el capitalismo avanzado descansa, fundamentalmente, en el consentimiento de la clase obrera. De hecho, la aceptación de esta idea es la piedra angular de la estrategia de la «vía parlamentaria al socialismo», en la cual el progreso puede medirse por la conversión del proletariado al proyecto del socialismo hasta que se alcanza una mayoría aritmética, con lo cual el régimen del sistema parlamentario hace que la instauración del socialismo sea posible sin dolor alguno. La idea de que el poder del capital adopta en Occidente la forma, esencial o exclusivamente, de hegemonía cultural es un principio clásico del reformismo. Esta es la tentación involuntaria que acecha en algunas de las notas de Gramsci. ¿Queda esta realmente alejada por su afirmación alternativa de que la hegemonía de la burguesía de Occidente es una combinación de consenso y coerción? No hay duda de que esto es un paso adelante, pero la relación entre los dos términos no puede apreciarse por su simple conjunción o adición. Y, a pesar de todo, en el marco de referencia de Gramsci, todo depende, precisamente de una calibración justa de esta relación. ¿Cómo debería ser concebida teóricamente?

No podemos ofrecer aquí ninguna respuesta adecuada. Porque una solución seria solo es posible mediante una investigación histórica. Ningún comentario filológico, o mandato teórico, puede resolver los difíciles problemas del poder de clase burgués en Occidente. Solo una investigación directa, sustantiva y comparativa de los sistemas políticos actuales de la mayoría de los países imperialistas en el siglo XX puede establecer las estructuras reales del poder del capital. Todo lo que puede intentarse aquí es avanzar ciertas sugerencias críticas dentro de los límites textuales del discurso de Gramsci. Su verificación queda necesariamente sujeta a las disciplinas ordinarias del estudio científico.

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